LA MARINA PLAZA

Periodismo, pase lo que pase
Publicado: sábado, 21 marzo, 2020

Diez profesiones que también luchan bajo la lluvia de las calles de Dénia y merecen otro aplauso

  • Son autores de pequeños milagros: aún llegan paquetes por correo, se reparte el butano, se recoge la basura, se escriben noticias históricas, se arreglan averías eléctricas, se sirven alimentos frescos de la tierra, se colocan señales de tráfico…
  • Historias: Increíble, suena el timbre. Ganas de llorar. Cuando regrese el verano. Ruidos que tranquilizan. Un operario en la terraza vacía de un bar. Que los temporales nos dejen en paz. Comer en Dénia casi igual de bien que siempre. Periodistas que hacen fotos que pasarán a la historia. Abogados con una triste historia por delante

Fotografías: Julio Monfort.

ARTURO RUIZ

Increíble, suena el timbre

Y para colmo la lluvia. Diego (no es su nombre real), empleado de Correos, guantes y mascarilla, se sacude las gotas antes de entrar al portal. Va a una planta baja. Se sitúa a un metro aproximado de la vivienda. Deja el paquete apoyado sobre la pared. Llama a la puerta. Cuando el propietario le abre, simplemente le pregunta el DNI. Ya no hay que firmar nada, la distancia de seguridad no se vulnera. El protocolo dicta que cuando él se vaya el dueño de la casa se acercará a por su paquete.

Pero este último, vecino de Dénia, asombrado de que tras tantos días de confinamiento alguien le haya tocado el timbre, tiene infinitas ganas de charlar con alguien diferente a los familiares que ve todos los días, volver por un instante a aquella época gloriosa en la que uno conocía gente nueva. «Ustedes siguen en la brecha», le pregunta al cartero. «Sí, por ahora aquí seguimos. Yo ahora descanso unos días pero vuelvo el martes al curro. En teoría solo son asuntos urgentes, pero aún hacemos de todo. Bueno, que tenga un buen día». Diego regresa a la lluvia. Sabe que al vecino la conversación le ha sabido a poco. Pero tampoco puede hablar mucho más. No debe.

Diego forma parte de esas otras profesiones que también merecen un aplauso. No están en primera línea de la lucha contra el virus, es verdad. Pero sin ellos este mundo, ya de por sí triste y en estado de alarma, sería un casi infierno. Ellos abastecen a la gente que no debe salir de casa. Hacen que esta cuarentena, que a través de la memoria colectiva o de películas y libros sabemos que tanto se parece a una guerra, no sea una guerra exactamente.

Ganas de llorar

Ya montado en su camioneta y circulando por una calle de Dénia, Diego se cruza con el camión del butano. Hay decenas de transportistas que por toda la comarca trasiegan también con bienes y mercancías. También autobuses de línea que aún mantienen unidos unos pueblos con otros. Conducen por carreteras desiertas. Uno de ellos dice: «Claro que ahora no tienes el estrés del tráfico pero se te encoge el alma al ver a la ciudad desierta, el primer día volví a casa y me dieron ganas de llorar. Era un vacío en el estómago».

Cuando regrese el verano

Más profesiones no paran. Junto a los camiones también hay furgonetas. Autónomos. Electricistas. Uno de ellos asegura que pese a la epidemia sigue teniendo trabajo. «La verdad es que no hemos parado, hacemos sobre todo mantenimiento de urbanizaciones, me llaman administradores de fincas pero eso sí, no suelo entrar a las casas». Mantenimiento para cuando Dénia vuelva a encenderse y pueda regresar al turismo. Quizás este verano. Cuando todo haya pasado y se restauren las cosas.

Ruidos que tranquilizan

El servicio de limpieza y de basura no se ha detenido tampoco. Hay operarios que aún barren calles también vacías pero muchos de ellos se dedican sobre a desinfectar las calles. Una especie de reconversión. La concejala de Transición Ecológica, Maite Pérez Conejero, subraya que el servicio de recogida de basura está funcionando con normalidad. La única diferencia es que los operarios no entran todos a la vez, sino de forma escalonada.

Pero que se recoja la basura es aún otro pequeño milagro. Eso bien lo sabe el propietario de la planta baja del principio de estas líneas, aquel al que Diego le había entregado un paquete: sufre de insomnio y allá sobre la una de la madrugada oye todas las noches el ruido del motor del camión que se aproxima y el de los operarios llevándose su bolsa de la basura. Y le tranquilizan esos sonidos: son cotidianos, de los de antes.

Un operario almorzando en una terraza vacía

Casi todo lo demás ha cambiado, claro. Se dejan abiertas las tapas de contenedores aéreos para que nadie los toque; se ha eliminado la recogida de cartón puerta a puerta, todos los operarios llevan guantes y desinfectantes propios. Una de las imágenes más simbólicas es la de uno de estos trabajadores de la limpieza degustando el bocata del almuerzo al abrigo del techado de una terraza hostelera desierta; lleva así, sin nadie, desde que hace ya casi una semana -parece que haya pasado un siglo- decretaran el cierre de todos los bares.

Cruzando los dedos ante un posible temporal

El ayuntamiento tiene más servicios que también han extremado las medidas de seguridad, las distancias, la higiene. La concejala de Urbanismo, Maria Josep Ripoll, detalla que siguen activas las brigadas de señalización, electricistas y brigadas de obra. Están en servicios mínimos pero están. Por cierto, que andan estos días en vilo porque se han producido varias alertas meteorológicas por lluvias: lo que cae a la hora de redactar estas líneas sobre Dénia es una llovizna, pero siempre puede desatarse un temporal -y todos sabemos aquí cómo se las gastan los temporales-. Eso faltaba ahora. En las brigadas cruzan los dedos.

Un ángel de la guarda

Otro pálido reflejo de normalidad lo constituyen algunos comercios aún abiertos, farmacias, ópticas, bancos, estaciones de servicio… En una de las gasolineras de Dénia, un operario le echa una mirada al motor de un coche que no trasiega bien ante la mirada angustiada del conductor, que es la madre de todas las miradas: faltaba que  se jodiera el coche y no pudieras ir a trabajar. O a cargar la compra. El conductor reza para que el operario sea su ángel de la guarda.

Comer en Dénia casi igual de bien que siempre

También, claro, se hallan abiertos los centros de alimentación. Estos días, los cronistas han centrado el foco en los supermercados -sobre todo por aquellos primeros días de acaparamiento-; pero también está la gente del Mercat Municipal, quizás más silencioso que nunca desde que cerraron los bares de las cuatro esquinas centrales. Allí, cintas en el suelo indican la distancia de seguridad que debe guardar cada cliente con el vendedor cuando se acerca al puesto. Toda esta gente, panaderos, fruteros, carniceros y demás, es autora de otra pequeña gran epopeya: que en Dénia se pueda comer casi igual de bien que siempre. Casi.

Periodistas que hacen fotos que pasarán a la historia

También están abiertos los kioskos porque los periódicos impresos se consideran productos de primera necesidad. Y están en la calle los periodistas. Es verdad que estos profesionales pueden realizar casi todo su trabajo de forma telemática pero también deben salir ahí fuera, a la lluvia, para enseñar la ciudad adomercida, vigilar que todo lo que se dice se cumple, eternizar testimonios que por desgracia serán históricos: las de la Dénia vacía de la calle Sant Josep, la de los furgones policiales avisando con el megáfono tronando que esto es una emergencia sanitaria, a casa, la de las gentes poniendo música en los balcones.

Abogados con una triste historia por delante

Esta semana también han acudido a sus bufetes bastantes abogados. Es verdad que los asuntos han descendido de forma drástica. Pero había que organizar todos los plazos que ahora se han suprimido y además cada día se produce o puede producirse algún asunto penal. Ojo, y también laboral, con la que se viene encima. Tristes historias por delante tienen estos letrados. Pero esa será otra batalla. Vamos a salir ahora de esta. Que todo saldrá bien.

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