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Publicado: miércoles, 24 agosto, 2016

Los expertos piden más protección para el «paisaje sagrado» de les Valls de Gallinera, Alcalà y Ebo

  • Los autores de Estudio del paisaje cultural y arquitectónico mediterráneo solicitan a las administraciones nuevos planeamientos territoriales para preservar el impresionante legado cultural e histórico de los tres valles que describen en su investigación, presentada hace unos días en Dénia
  • Artículo de Josep Antoni Gisbert
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Vista de la Vall d’Ebo desde el Tossal Gran. Fotografía: Josep A. Gisbert

Este es un paisaje sagrado porque es el corazón de una comarca, la Marina Alta. Y porque desde hace más de dos milenios los seres humanos protagonizaron entre sus riscos y valles una forma de estar y de ser en el mundo plasmada en múltiples manifestaciones arquitectónicas y culturales que han llegado prácticamente intactas hasta nuestros días. Tal milagro ha sido posible porque este lugar se ha librado de la depredación urbanística que borró la identidad de tantos otros parajes, lo que le ha permitido conservar la suya. Por eso, en especial por eso, estos parajes son sagrados.

Así que tanta memoria en forma de patrimonio de siglos merecía ser contada. Y eso es lo que ha realizado una extensa nómina de especialistas pertenecientes a varias universidades valencianas en su libro Estudio del paisaje cultural y arquitectónico mediterráneo, que investiga sobre tres nombres de pueblos pero también sobre tres geografías vitales, casi sentimentales, para esta comarca: la Vall d’Alcalà, la Vall d’Ebo y la Vall de Gallinera.

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Un momento del acto de la presentación en Dénia.

El libro, financiado por la Conselleria de Infraestructuras, publicado conjuntamente con la Universidad Politécnica de Valencia y presentado el pasado jueves en la sala del Castillo de Dénia, aborda la evolución de la ocupación de esos tres valles a lo largo de diferentes etapas históricas: la prehistoria y el mundo antiguo, con sus impresionantes manifestaciones en arte rupestre o yacimientos de origen íbero, que después experimentarían un proceso de romanización, el mundo medieval y la época contemporánea, con su ancestral mundo rural que los autores denominan arquitectura cero.

El trabajo es, en el buen sentido de la palabra, ambicioso: además de proyectar su mirada hacia el pasado se plantea también el futuro de estos valles como depositarios de valores míticos que deben ser conservados. Y para que no se pierdan, subraya la necesidad de incrementar sus niveles de preservación con el fin de que los irremediables errores del pasado acaecidos en otras latitudes no se cometan también aquí.

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El Tossal Gran, donde recientemente se ha descubierto un yacimiento íbero, desde la Cariola. Fotografía: Josep A. Gisbert

En este sentido, los expertos subrayan la necesidad de emprender, en consenso con los ayuntamientos implicados –y por lo tanto con sus vecinos–, así como con otras administraciones, nuevas fórmulas de planeamiento territorial para incrementar «al máximo» la protección no sólo de los elementos ecológicos de los valles sino también de los culturales, a veces incluso aún más frágiles.

El objetivo, cerrar la puerta a que cualquier golpe de timón de índole socioeconómico, sobre todo en forma de crecimientos urbanísticos desperdigados, ponga en peligro este paisaje sagrado. Ya en años anteriores, se produjeron algunos intentos para aumentar la capacidad de carga de los valles: controvertido fue así el planteamiento realizado en 2005 por los gestores municipales de la época de incrementar un 400% el suelo urbano en la Vall d’Alcalà .

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Ahora, y una vez pasado lo más duro de la crisis económica, se aviva de nuevo el debate en los tres municipios entre dos posturas: la percepción de que toda vía futura de prosperidad pasa por mantener intacto su paisaje, con todos sus atractivos culturales, y la posibilidad de plantearse nuevos incrementos urbanísticos. En 2014, la Vall de Gallinera propuso aumentar en 164.000 m2 su suelo urbano, si bien desechaba la posibilidad de crecimientos desperdigados, los más peligrosos para estas montañas.

La histórica relación entre Dénia y los valles

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Rafael Soler se dirige a los asistentes a la presentación en Dénia.

Así pues, esta simbiosis entre pasado y futuro fue la que se dio cita el pasado jueves durante la presentación del libro en Dénia, a la que acudieron tres de sus autores: los arquitectos Rafael Soler Verdú, de la Universidad Politécnica de Valencia, y Alba Soler Estrella, de la Jaume I de Castelló, y el arqueólogo Ignasi Grau, de la Universidad de Alicante. Los otros responsables del trabajo son Josep M. Segura, Josep Torró y Miquel Vives. Al evento, también acudieron el alcalde de Dénia, Vicent Grimalt, el concejal de Cultura, Rafa Carrió, el anterior director general de Obras Públicas, Fernando Mut, y el arqueólogo municipal de Dénia, Josep Antoni Gisbert.

Que el castillo dianense acogiera una de las presentaciones estelares del tratado no es extraño. Sobre todo si se tiene en cuenta su gran vinculación con los valles, que se integraron en Dénia cuando ésta fue mucho más que una ciudad, un territorio más amplio, a veces con rango próximo a la nación, tal y como ocurrió en época islámica y, de forma más comedida, durante la etapa medieval o de la Antigua Roma.

Sobre estas consideraciones diserta en el siguiente artículo Josep Antoni Gisbert, quien  además aborda, con revelaciones bastante sorprendentes, el camino ancestral que vertebró los valles y cuyo itinerario era diferente al que podría evidenciarse en un principio.

Estudio del paisaje cultural y arquitectónico mediterráneo. 2016.

La Vall d’Alcalà, la Vall d’Ebo, la Vall de Gallinera.

Josep A. Gisbert Santonja, arqueólogo.

Director Museu Arqueològic de Dénia.

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Iglesia de Petracos. Siglo XVII. Fotografía: Josep A. Gisbert

Siguiendo instrucciones del staff que ha escrito este libro, participo activamente en el Acto de presentación de esta publicación, que es el fruto de un estudio interdisciplinar entre arqueólogos, historiadores y arquitectos; rara avis en estas geografías.

Y me posiciono cual Epílogo, y no como Advertencia o Introito.

Epílogo, porque no se trata de introducir en la cuestión, que padres tiene la Iglesia, sino de dar forma a una especie de disbauxa, en español desenfreno, inmoderación o descontrol; a una epístola poco correcta sobre lo que el paisaje y la geografía ámbito de este estudio nos sugiere.

Estos valles se inscriben históricamente en un áspic de sinergias procedentes de levante, de poniente, del norte y también del sur, si me permiten cono sur, que nos ofrecen un panorama diverso, de cromatismo caleidoscópico, heterogéneo y diverso.

Sin embargo, si existe desde las colonizaciones y la Antigüedad Clásica un cielo protector unitario, es el hecho incuestionable de ser territorio de Diània; y de contar con todo un elenco de evidencias que estrechan un vínculo umbilical persistente con Dénia. Con la ciudad que irradió, y no sabemos si ahora luce como debiera, en este territorio a lo largo de dos largos milenios.

La historia a veces no es respetuosa con su propia historia y ha habido una tendencia secular a fragmentar el territorio, a dejarse fagocitar sin mesura por entes y demarcaciones que han actuado en perjuicio de su identidad y han ido marcando los pasos de un auténtico etnocidio, de pérdida del norte magnético en brújula y de la visura de los astros en el astrolabio.

Los arqueólogos que ya no cumpliremos los cincuenta hemos tenido como artefactos esenciales el pie de rey, ahora denostado, y estos mapas, ahora reeditados por el Ministerio de Fomento, pero con base cartográfica militar del Servicio Geográfico del Ejército.

Si nos adentramos en los mismos, vemos que estos valles se hallan troceados como conejo en paella de Vicent de la Tona. Divididos en las hojas o planos de Gandia, Xàtiva, Benissa y Alcoy/Alcoi.

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Santuario de arte rupestre. Fotografía: Josep A. Gisbert

Esta fragmentación no es baladí y responde a deseos y estrategias, ocultas o no tanto, que ha provocado durante décadas una visura de esta geografía como “tierra de nadie”, en donde investigadores, con o sin soporte institucional, hemos vagado a nuestras anchas y hemos creado, a partir de lo tangible, nuestro propio paisaje cultural, adobado con los brotes verdes de conocimiento que este esplendoroso país, el de les Valls d’Ebo, Alcalà y de Gallinera, nos regalan día a día.

Los de Dénia, en el ámbito puramente patrimonial, como los de Alcoi, Gandia,  Lyon, Madrid, o los de Cocentaina, desde inicios de los ochenta, somos un comensal más en la mesa y tenemos una de las llaves de la nutrida despensa que nos ofrecen estos valles para el estudio de todo un abanico de elementos patrimoniales a degustar.

A modo de ejemplo, el I conde de Dénia, Alfons d’Aragó i Foix, hacia 1376, cobraba sus impuestos de la aljama de Ebo en especie; con las excelentes gallinas que producían en esas casas mudéjares que ahora son emblema y referente de cuentos y de historias “moriscas”.

Siguiendo con el papel de Dénia como comensal, indicaremos que, si en 1983 nos asentamos en esta ciudad, el origen de todo fue nuestro nombramiento como supervisor, por parte de la Conselleria de Cultura, de trabajos de inventario y catálogo de materiales arqueológicos de Dénia y de las excavaciones practicadas en Almiserat, en el corazón de estos valles, realizados por la Universidad de Lyon y la Maison de l’Orient Méditerranéen.

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Tossal Gran. Fotografía: Josep A. Gisbert

Y que la prospección de los campos y las ruinas urbanas existentes en la Vall de Gallinera ya eran mi objeto de deseo en aquella década en que Llombai aún estaba habitada y su almazara intacta.

008.DSC_0865En 1990, iniciaría una fructífera relación con la Universidad de Leicester, que permitiría durante tres años cuestionar a las arquitecturas dispersas por la Serra de l’Altmirant, durante el desarrollo del proyecto The Serra de l’Altmirant Survey Project, datables fundamentalmente entre los siglos XVI y XIX, y relacionadas especialmente con el pastoreo y con la explotación de otros recursos que el monte ofrecía en el pasado. La obra Ethnography and Archaeology in Upland Mediterranean Spain. Manolo’s world. Peopling the recent past in Serra de l’Altmirant, publicada en Leicester Monogrraphs, y los artículos en la revista Saguntum dan fe de estas intervenciones sobre el patrimonio rural.

En 2004, pasaríamos quince días imborrables excavando el sepulcrvm del siglo VI en la villa romana de la Cairola, la Vall d’Ebo, pueblo con el que los más viejos saben bien del vínculo de mi familia con algunas de sus gentes. En Cairola, dos personajes, probables propietarios de la villa, fueron sepultados junto a un jarro cerámico singular, prototipo de los metálicos de los siglos VI y VII; tiempo de bizantinos y visigodos.

Durante mi estancia en la Cairola entendí o, al menos, creé mi propio paisaje cultural, entonces virtual y, ahora, más real. Y éste tenía como espina un camino; a mi modo de ver, el camino.

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Camino ancestral de los valles. Fotografía: Josep A. Gisbert

Las premisas de los estudios ad hoc, integrados en esta obra, nos ofrecen un interesante esquema del poblamiento en el que las geografías las dibujan los valles y la topografía histórica de la antigüedad parece estar marcada por los caminos que se adentran desde el mar.

Sin embargo, el buceo persistente en estos topos nos ofrece resultados ciertamente controvertidos. Si bien en tiempos de al-Ándalus, y en la Edad Media y Moderna, no podemos dudar de la existencia de caminos como los que jalonan el curso del Gallinera o, en época quizás más reciente, el sendero que unía Pego con la Vall d’Ebo, con el Castell d’Ambra como posta, en principio CREEMOS FIRMEMENTE que durante la Antigüedad Clásica el lecho mutante del Gallinera no contó con camino alguno que atravesara directamente el valle y que éste habría que imaginarlo como una sylva boscosa, con aprovechamientos agrícolas nulos y poblamiento prácticamente inexistente. Y que, el acceso continuado a Ebo desde Pego es, asimismo, de cronología bastante reciente.

Por tanto, hay que poner en cuarentena el papel real de estas vías de comunicación en época ibérica y a lo largo de la romanización. No existieron. Pero, entonces, ¿QUE CAMINO??

¿CUAL ES EL CAMINO ESENCIAL QUE UNIÓ Y VERTEBRÓ ESTOS VALLES TRES Y DOS MILENIOS ATRÁS?

La respuesta:

EL EJE PETRACOS (Castell de Castells) – EBO – ALCALÀ – CASTELL D’ALCALÀ (Vall de Gallinera).

No caeremos en la trampa de remontar los orígenes de la circulación por esta vía a la Prehistoria y de justificarla en los puntos que baliza el fresco arte rupestre, que quizás esté excesivamente presente en este estudio, creando síntomas de desequilibrio. No obstante, pueden seguir el camino y crear sus propias conclusiones al respecto.

Sí diremos que en las colonizaciones, mundo ibérico y en la romanidad éste fue camino esencial. Y no hay prueba más ilustrativa que la propia dispersión del poblamiento.

La vía de penetración o de comunicación desde la costa al interior más vital es, sin duda, la que nos ofrece la línea Dénia – Pedreguer – Benigembla – Castell de Castells. Camino de hombres, de mercancías y de ganado. Su actividad en la Edad Media explica la pujanza de antaño de Murla, murus o frontera del Condado de Oliva, en los siglos XV y XVI, pero hay que recordar que en el siglo XIII rivalizó con Gandia.

Los poblados ibéricos del Montgo, Ocaive, Aixa y Pop jalonan esta vía desde Dénia hasta el occidente de occidente.

De ésta vía confluye y surge el camino que aquí y ahora describimos, que vadea el trazado del barranco de Petracos y se dirige, con la brújula hacia el norte, hasta la Vall d’Ebo.

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Sepulcro de la Cariola. Siglo VI. Fotografía: Josep A. Gisbert

El municipio de la Vall d’Ebo, en el epicentro, está rodeado por promontorios y laderas agrestes coronadas por, al menos, cinco asentamientos en actividad durante la cultura ibérica. Entre ellos, el que estos mismos días nos ha deparado la prensa, hallado recientemente; el tossal gran. Esta fuerte densidad de microasentamientos está, sin duda, en relación con una desviación, no sabemos si cruce, del camino, que vadea el curso del río Ebo, cambia substancialmente de dirección y se dirige, con la brújula al oeste, hacia tierras de Alcalà, al qala; en árabe, la fortaleza. Allí mismo, en el propio centro urbano de Alcalà de la Jovada, junto al trazado del camino, detectamos en 2012 contextos cerámicos y materiales de construcción que indican la localización de otro asentamiento tardoibérico.

Algunos de estos asentamientos pervive durante la romanidad, prueba de que la actividad del camino no cesa. Se generan pequeños enclaves o microvillae; como la de la Roca (siglo I) o la de la Cairola (siglos I al VI).

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Al qala, la fortaleza. Fotografía: Josep A. Gisbert

El camino sigue en dirección oeste hasta los territorios de Planes de la Baronia y de la Vall de Gallinera. Sigue….., pero esta ya es otra historia, quizás aún más excitante que la que ahora glosamos.

Este camino es la espina dorsal de un ámbito y de un proyecto que, en esta publicación, une tres valles, pero que debería sumar los de Laguar y Castells por el sur, y la Llacuna y Perputxent por el norte.

Su trazado constituye y debería constituir nuestro particular camino de Santiago, el del peregrinaje por nuestra memoria, aunque en este caso el camino no dirige a lo sagrado, sino que se asienta, habita y vertebra lo sagrado. Y su espacio circundante, que es el de estos valles, debería considerarse como sagrado.

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Ángel Seguí, habitante de Les Valls. Fotografía: Josep A. Gisbert

Cerremos en oxidadas cárceles de herrumbre a las manchas de pintura y pinturas que gozan del paraguas de la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco,…..,  pero este paisaje cultural, en el que un elenco de profesionales, representados en este Acto por vosotros, ha trabajado duro y bien en ordenar y extender sobre la mesa los recursos existentes, pide a gritos un pacto con las gentes que lo habitan para lograr y conseguir que su belleza perdure, al menos, un par de siglos más, lejos de los rum / bárbaros que habitan más allá de los promontorios rocosos que rodean su temenos. Estos montes agrestes jalonan el camino y cierran el paisaje con visos de fortaleza inexpugnable frente a la barbarie.

Este pacto constituiría, sin duda, un acicate para el próspero porvenir de la belleza que ofrece esta naturaleza modelada y moldeada por aquellos que han habitado secularmente en sus entrañas.

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Rafael Soler en una expedición a los valles. Fotografía: Josep A. Gisbert

Dénia, agosto de 2016.

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