LA MARINA PLAZA

Baleària Dénia
Periodisme, passe el que passe
Publicat: dijous, 4 gener, 2018

El primero del año

JULIO MONFORT. Opinión

Me comentaba una amiga el último día de 2017 que el siete resultaba para ella un número muy especial. Nació un día 7, del mes siete, a las siete de la tarde, de 1967. Eso me recordó a su vez la fecha de la muerte de mi madre. Día 5, del mes cinco de 1995, poco antes de las cinco de la madrugada, con 95 años de edad. Hay quien dice que las casualidades no existen, criterio al que me adhiero, y que todas las cosas de la vida están interconectadas con un sentido y un porqué. Algo así como lo que formula la teoría del caos (la de la mariposa y el huracán, ya sabéis).

Tanto el caso de mi amiga con el siete como en el de mi madre con el cinco se encajan por los pelos en la ley de probabilidades. En realidad es un cúmulo de casualidades que quizás tenga otro sentido, esa parte de la realidad que resulta imposible percibir. Los astrólogos han buscado durante milenios, y siguen haciéndolo, la relación del universo con el destino de la humanidad y de cada ser vivo. Si muchos de ellos acabaron en la hoguera inquisitorial, quizás no iban tan mal encaminados con unas teorías que se han quedado siempre en el límite de la pseudociencia.

La carta astral, a la que en una ocasión fui “sometido” sin querer saber el resultado, consiste en predecir tu futuro mediante unos pocos números relativos a la fecha de tu nacimiento y poco más. Las matemáticas y los números, inventados por los hindús y exportados a Occidente por los musulmanes, son por tanto esenciales en la explicación de la existencia humana a través de los astros y su posición en el universo

¿Y a dónde conduce o dónde quiero ir a parar con esta exposición sobre las coincidencias numércias? Pues francamente no lo sé. Seguro que, al estar todo interconectado y tener un porqué, algún sentido y alguna incidencia tendrá este artículo, aunque sea tan nimio como el aleteo de una mariposa.

Mi intención para este primer artículo del año era hablar de esos propósitos, casi milagros, que muchos nos marcamos cada fin año y que en mi caso particular siguen siendo los mismos desde hace décadas. Pero la imprevista confesión de mi amiga sobre la fecha de su nacimiento le dio el último día del año un cambio total a mis pretensiones. Así que ella es la única culpable.

Por cierto, el primer día del año tuvimos una muy redonda y enorme luna llena. Ese fenómeno, luna llena el uno de enero, se repite supongo cada treinta años. He preguntado a mucha gente si esta coincidencia de la luna tiene algún sentido o implica algún tipo de predicción. Nadie ha sabido contestar. Pero estoy convencido de que no es algo casual. Por lo demás, mis mejores deseos para el año que acaba de comenzar.

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