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Publicado: jueves, 1 febrero, 2018

Las historias que escondía un caballo de juguete de 1915 que ahora expondrá Dénia

  • Un estudioso de Xàbia cede al Museu del Joguet una pieza con la que se fotografió su padre hace casi un siglo y que es exponente de uno de los productos más emblemáticos de la industria juguetera de la comarca
  • También dona una tartana de madera producida probablemente en la década de 1940

La foto en blanco y negro es de 1925. Es el padre de un vecino de Xàbia y un hombre tremendamente inquieto por la cultura y la memoria de la Marina Alta, Bartolomé Bas Segarra. Hace unos años, Bartolomé Bas redescubrió esa foto entre otras imágenes familiares. Y no paró hasta lograr el caballo sobre el que imaginaba no sabemos qué sueños de infancia su padre. Ahora, la familia Bas Perelló ha cedido la pieza, fabricada sobre 1915 y que pude contemplarse en la fotografía de la derecha, al Museo del Joguet de Dénia. Será el «juguete del año» de 2018.

Todo juguete esconde sueños individuales y colectivos. Sobre estos caballos de cartón jugaron pequeños de varias generaciones. Eso sí, en el transcurso de las duras décadas del siglo XX, muchas familias no podían permitirse un producto bastante exclusivo pero aún así cabalgaron de otras formas:  infinidad de niños dianenses posaron sobre alguno de ellos durante las sesiones fotográficas de los famosos Estudios Marsal o cuando iban a jugar a la Feria de Tots Sants, como recodó este lunes el arqueólogo municipal, Josep Antoni Gisbert, durante la presentación de esta pieza.

Gisbert agregó que éste fue uno de los juguetes que dieron prosperidad a la industria juguetera de la comarca: producidos por las factorías de Pego, Ondara o Xàbia desde los años veinte hasta más allá de la posguerra, fueron distribuidos con avidez por las fábricas de Dénia.

De ahí el gran valor de la pieza ahora cedida. Pero es que además este caballo de cartón esconde una historia concreta, en la Xàbia de principios del siglo XX que fue contada este jueves por Bartolomé Bas.

Bartolomé Bas Segarra y su hijo junto a Rafa Carrió y Josep Antoni Gisbert.

En un principio, este caballo fue adquirido por una de esas familias de alto poder adquisitivo que sí podía comprarlo y que regentaba un horno en el municipio xabienc. Sin embargo, el pequeño al que fue destinado «comenzó a sufrir trastornos a los 4 ó 5 años, que fueron a más, hasta que a los 18 quedó ingresado en el siquiátrico de Santa Faz». El caballo quedó en manos de los caseros que cuidaban de las propiedades de la familia «y que nunca lo tiraron porque no era suyo». Los Bas vivían enfrente, de ahí que el padre pudiera fotografiarse con él.

Cuando vio la foto, Bartolomé Bas Segarra fue a hablar con la familia que lo conservaba y lo adquirió. Se encontraba en muy mal estado, pero se lo llevó a la restauradora de Dénia Josepa Padín Devesa, quien pudo rehabilitarlo.

Ahora concluye en las instalaciones del Museu del Joguet, donde ocupará un lugar de excepción y pasará a engrosar la nómina de este tipo de piezas, de las que según contó Gisbert hay otras dos más producidas por la fábrica de Luis Romans.

Todo este legado brillará especialmente cuando las instalaciones puedan ampliarse según el proyecto al que se refirió por su parte el concejal de Cultura, Rafa Carrió. El edil elogió la generosidad de los donantes «en un gesto que nos permite hacer historia, hacer país y hacer comarca», al subrayar que la familia Bas Perelló es tanto de Xàbia como de Dénia.

El carro de los años cuarenta: niños arrastrándolo por las playas

La familia Bas Perelló ha efectuado al Museu una segunda donación, en este caso una tartana de madera que halló, también bastante desfigurada, en una finca de los suegros de Bartolomé Bas ubicada en Dénia, entre el Pont Sec y Les Tres Torres. En este caso fue recuperada por un restaurador de Xàbia. Cuando este último ya había acabado su labor, Bartolomé Bas tuvo acceso a unas fotografías familiares en las que se podía apreciar el carro en su versión original. «Si las hubiera visto antes, la restauración hubiera sido distinta», lamentó.

Aún así, también es una pieza emblemática que se fabricó en Dénia según Gisbert especialmente en los años 40 y 50, a veces con un caballo delante y a veces no: «Los niños solían arrastrar los carros en la playa o cargados de frutas y fueron fabricadas por algunos de las industrias más emblemáticas que se asentaban en la calle Pont».

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