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DÉNIA Clàssics
Periodismo, pase lo que pase
Publicado: viernes, 19 enero, 2018

Una investigación arroja luz sobre los cementerios de Dénia, desde Les Roques y el Castillo hasta el actual

  • El trabajo del Museo Arqueológico, que incluye un manuscrito inédito. aborda los enterramientos de la ciudad desde la Edad Media en el Castillo y el casco antiguo al nacimiento del camposanto actual, fundado por una burguesía en plena expansión a partir de 1843 y ampliado luego «para dar cobijo a los pobres»
  • La institución ha propuesto tres rutas para difundir este legado
  • Artículo de Josep Antoni Gisbert: «El cementerio de Dénia, o la búsqueda del reflejo de la ciudad del siglo XIX»

Panteón de Morand y Bordehore.

La búsqueda de un lugar donde los muertos puedan descansar en paz ha sido un problema recurrente para las ciudades a lo largo de siglos. En un enclave de historia milenaria como Dénia, las excavaciones arqueológicas han  arrojado bastante luz sobre las necrópolis de época romana e islámica, pero sin embargo desde la Edad Media la gestación de los cementerios posteriores, cuestión tabú para algunos y apasionante para otros, ha estado cercada de sombras.

Sin embargo, ahora una investigación llevada a cabo por el Museo Arqueológico arroja claridad sobre la evolución histórica de los diferentes emplazamientos donde Dénia concedió reposo eterno a sus hijos a partir de la conquista cristiana y sobre la fundación, ya a mediados del siglo XIX, del camposanto actual. El director del museo, Josep Antoni Gisbert, ha diseñado además tres rutas, enmarcadas en el ciclo Arqueología y paisaje, para divulgar al público todo este legado.

Sepulturas dentro del Castillo

Ruta por el paisaje funerario del Castillo.

La primera de esas rutas se celebró durante el pasado puente de diciembre con un notable éxito de público (acudieron 85 personas), por lo que se repetirá el próximo 28 de enero. Tuvo lugar en El Fossar de la Vila Vella, en el Castillo, el escenario donde fueron enterrados gran parte de los habitantes de Dénia desde principios del siglo XIV hasta 1708. Allí, junto a la primera iglesia que tuvo la localidad de origen gótico recibieron sepultura los miembros de las cofradías de la ciudad y a los pies de los altares se sepultaron a las familias más distinguidas.

Ahora bien, el Castillo no fue durante todos aquellos siglos el único lugar de enterramiento.

Lápidas entre las rocas

Precisamente la investigación sobre el asunto que ahora ha desarrollado el museo ha permitido divulgar un manuscrito inédito (que se reproduce completo al final de este artículo) atribuido a Juan Serrano Martí y escrito entre 1885 y 1890, en el que se asevera que desde una época tan temprana como el siglo XV Dénia también enterró a sus difuntos en Les Roques, en concreto «detrás de la calle Nueva, al lado de la muralla y frente a las Rocas».

Serrano no obstante, también alude a otros lugares de entierro, entre ellos también el Castillo, «donde muchas familias pudientes tenían en propiedad una capilla en la referida iglesia y otras por no tenerla y no querer enterrar en la fosa común se enterraban en el indicado Convento [de los franciscanos] en sepultura de distinción».

Pese a que en 1708, la Vila Vella, el núcleo habitado en el interior del Castillo desde la conquista cristiana, fue destruido durante la Guerra de Sucesión, su camposanto aún siguió utilizándose de forma más intermitente en la siguiente centuria. Serrano detalla que volvió a darse sepultura a vecinos junto a la ya maltrecha iglesia gótica en 1806, si bien tres años después tuvo lugar allí el último entierro.

¿Por qué? La causa pudo deberse a una especie de investigación abierta desde València en aquel momento sobre la escasa profundidad a la que se enterraban los cuerpos y a la mala calidad de los terrenos. También al estallido de la Guerra de la Independencia, cuyos nuevos bombardeos sobre la fortaleza no hacían demasiado seguros los funerales.

Les Roques, desde la fortaleza.

Los enterramientos en 1809 regresaron a Les Roques, “a un cementerio que se construye en el punto denominado Closa de Transano, en el bancal entre las casas de la calle de la Trinitat y las Murallas, junto al Trencall“, detalla Serrano. Pero el problema era similar al del Castillo: el carácter rocoso del suelo provocó que las tumbas estuvieran muy próximas a la superficie. Mal negocio: en 1813 se enterraba allí según el manuscrito a la última persona, una mujer de 44 años.

Dénia tenía un problema. Tuvo que volver a buscar otro lugar para sus muertos.

Una burguesía para una eternidad digna

Serrano insinúa que en una fecha tan temprana como 1813 se escogió el emplazamiento del actual cementerio, en el camino hacia La Xara, para realizar los nuevos enterramientos. Es una tesis no probada. Pero lo cierto es que a partir de 1843 sí se alzaron allí muros que aseguraban un camposanto en condiciones gracias al dinero que legó para tal fin a su muerte una de las grandes representantes de la burguesía local, Josefa Morand.

Tanto la fecha como el nombre son interesantes. Revelan que las clases más pudientes de Dénia, enriquecidas ya por el próspero progreso de la pansa, no sólo iban a fundar un teatro, un casino o una línea ferroviaria en lo que el historiador Roc Chabàs llamó la resurrección de Dénia, sino también un cementerio en forma de suntuosos panteones y mausoleos que hoy se erigen no sólo cómo un “patrimonio arquitectónico de primer orden”, agrega Gisbert.

En la citada investigación del museo, hay otro texto en este caso sí conocido (al menos su primera edición, de 1847) de Pascual Madoz, que fija la mirada en ese instante fundacional del actual cementerio. Cuenta que antes del mismo, “Dénia tenía un lugar que se llamaba cementerio donde todo inspiraba horror” y elogia su gran transformación gracias al dinero legado de Maria Josefa Morand, que cifra en 4.000 pesos.

No hay que perderse la descripción que del recinto hace Madoz, y que se lee también al final de esta crónica, destacando del camposanto otro elemento que según Gisbert también hay que seguir preservando: su jardinería, “filas de árboles con arbustos aromáticos“.

Una ruta de los vivos a los muertos

Y por eso, la segunda ruta programada por el museo, que tendrá lugar el próximo 21 de enero, viaja precisamente hasta el actual camposanto. El itinerario arrancará a las 10.30 de la mañana de la plaza del Oeste y pasará primero por la finca de la Baronesa, precisamente una de las grandes viviendas de aquella acaudalada burguesía para después alcanzar el camposanto. Esto es, “ir de la casa de los vivos a la de los muertos” de una misma clase social.

Ya en el cementerio, hay mucho que ver. El panteón de la propia Josefa Morand, “un ejemplo maravilloso de la arquitectura del siglo XIX”; las tumbas de las grandes ramas burguesas de Dénia, Merle, Morand, Riera o Latur; o incluso dos lápidas anteriores a la fundación del propio cementerio, la de Luis Lavilla, gobernador militar del Castillo en 1822 o la de José Ferrándiz, arquitecto y padre de Patricio Ferrándiz, cuya lápida en cerámica de Manises evoca motivos de su profesión: el compás o la escuadra.

Gran parte de esta estética funeraria decimonónica tiene mucho que agradecer a los picapedreros de La Xara, que igual que ejecutaron obras públicas de la época como puentes sobre caminos, realizaron capiteles, columnas y bases para guarnecer a los finados.

Los pobres también se mueren

Pero no sólo los burgueses se morían. También los pobres. Por eso, en 1881 y en una época de intensas desigualdades sociales, fue otro representantes de ilustres apellidos, José Morand Bordehore, quien después de glosar el gran valor sentimental del lugar como guardián de la memoria de los antepasados de la ciudad, informa al alcalde de que ha adquirido cuatro hanegadas de unos terrenos anexos del cementerio para cederlos a la Beneficiencia.

Se evitaba así el fantasma de las fosas comunes para los más menesterosos. Como contrapartida, Bordehore se reservaba en ese lugar un panteón para su familia.

EL CEMENTERIO DE DÉNIA. O la búsqueda del reflejo de la Dénia del siglo XIX.

 Josep A. Gisbert Santonja, arqueòleg. Sant Antoni, 2018.

 

En el ecuador del siglo XIX, Dénia era una ciudad próspera y con evidencias e indicios de operar una profunda transformación.

A imagen y semejanza de tantas ciudades de su entorno, atrás quedaban las vetustas murallas que las envolvían, que desaparecerían gradualmente aunque no en su totalidad, y darían paso a un tiempo de bonanza, y de expansión y auge de la burguesía local, al rescoldo del negocio de la exportación de la pasa. Estas mejoras se irían notando en el urbanismo, en las arquitecturas de la ciudad, en avances experimentales en la agricultura y en los cultivos del hinterland de la ciudad y de la Marina Alta. Lo acaecido desde las primeras décadas del siglo XIX es lo que Roque Chabás denominaría “la Resurrección de Dénia”. Y, tal como relata como colofón al segundo tomo de la Historia de la Ciudad de Dénia, impreso en 1876, “El caserío de la ciudad y el de su arrabal se ha doblado, el campo se ha poblado de lindas quintas, ganando tanto la salubridad pública, que todos los años acontece haber doble número de nacimientos que de defunciones. Las casas consistoriales, nuevas aun, se han distribuido y arreglado para las oficinas necesarias; el desembarcadero ha sufrido mejoras tan grandes que cómodamente puede en él verificarse el movimiento que reclama una operación en tan grande escala como la que se verifica en agosto, septiembre y octubre. El 23 de agosto de 1862 se abrió la estación telegráfica para el servicio limitado y luego para el servicio diario. En poco tiempo, y con el esfuerzo de una sociedad, se ha levantado un soberbio teatro y casino, como por encanto se han abierto nuevas calles y plazas, se ha construido un buen mercado, se ha establecido una concurrida feria, y cada día se ven aparecer mejoras en todas partes”.

Ninguna mención a la construcción del cementerio, que formó, sin duda, parte de estas mejoras. El cementerio, donde habitan los muertos, la casa de los muertos por excelencia, fue y es un fiel reflejo de esta transformación de Dénia. El cementerio de Dénia era y es mucho más que un servicio y una necesidad de la ciudad. Es un monumento vivo, presente, que, sin apenas transformaciones desafortunadas en su núcleo central, el de su arquitectura primigenia, requiere un programa que asegure su pervivencia y su consideración como bien patrimonial, después de más de siglo y medio de vida y actividad de acoger, inexorablemente, los restos mortales de miles de dianenses que forjaron los destinos de la ciudad.

En diciembre iniciamos un ciclo de visitas guiadas con el propósito de difundir y dar a conocer el binomio LA MUERTE & DÉNIA a lo largo de los siglos medievales, la Edad Moderna y la Contemporánea.

La visita propuesta el pasado diciembre, al FOSSAR DE LA VILA, en el interior del actual recinto del Castell de Dénia, tuvo una notable aceptación, con más de 85 participantes. Tanta que, a sugerencia de unas amigas adictas a estas actividades, la repetiremos el próximo domingo, 28 de enero.

Con este propósito y objetivo, iniciamos el año 2018 con un paseo por la muerte en Dénia, con este plan y propuesta, que nace de la voluntad de los museos de Dénia, el Museu Arqueològic y el Museu Etnològic, por adentrarnos en unas cavernas hasta ahora inexploradas, que traspasan el marco de la arqueología clásica y andalusí, ya glosadas en conferencias y en artículos de investigación y de difusión, y con el que pretendemos trasladarle modos, costumbres, liturgias, practicas ancestrales alrededor del hecho de la muerte. Sin duda, su participación le generará mil y una preguntas y saber detalles hasta hora poco conocidos sobre estos contenidos que eludimos oír pero que, inexorablemente, gravitan sobre nuestro devenir.

Y como botón de muestra de estos conocimientos, les regalo la lectura de dos textos clave, mediante los que podrán iniciarse en el tema y estoy seguro que provocarán en el lector preguntas que podremos deshojar en estos paseos hacia destinos que para unos será la eternidad, para otros la nada, pero cuyas prácticas tienen fundamentos más profundos y antiguos que los del propio templo de Salomón.

El primer texto, redactado para la obra magna dirigida por Pascual Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, por su corresponsal, don Nicolás Morand, publicado en 1847, la podemos considerar como el acta de fundación del Cementerio de Dénia.

El segundo texto, perteneciente a un manuscrito que nunca ha visto la luz, atribuido a don Juan Serrano Martí, constituye una jugosa descripción que nos ofrece datos vitales para el conocimiento del devenir y trasiego de los espacios funerarios de la ciudad desde la Edad Media hasta su ubicación, por el momento definitiva, en el camí del Cementeri.

TEXTO 1.
Madoz, Pascual. “Denia”, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo VII. Madrid, 1847.

Lápida de Maria Josefa Morand.

Hasta el año 1843 habia en Denia un lugar muy reducido que se llamaba Cementerio, donde todo inspiraba horror: hoy acuden los naturales y forasteros á ver y admirar la ventajosa transformacion que ha tenido este sitio fúnebre, debida a doña Maria Josefa Morand, natural de aquella c., quien legó para éste y otros objetos piadosos, 4.000 pesos al fallecer en noviembre de 1842. Acaba pues de construirse un espacioso cementerio en una superficie cuadrada de tierra de 60 varas por lado, ó sean 3.600 varas cuadradas, rodeado de una pared sólida de 18 palmos de elevacion y 4 de cimiento, á dist. de 1/4 de hora de la c., en paraje bastante ventilado, inmediato al camino llamado de Ondara. A la entrada de este recinto se ha edificado una decente capilla con su vestíbulo correspondiente, y con un altar dedicado á la Virgen de los Dolores, cuya sagrada efigie ha pintado al óleo con feliz éxito D. Juan Llacer. En el centro del lugar que describimos, se ha erigido un sencillo monumento de piedra jaspeada y pulimentada y de figura octagonal á la memoria de dicha fundadora, cuyos restos encierra el mismo, y en cuya faz principal se ha colocado una hermosa lápida de mármol negro con una inscripcion en prosa y verso, grabada en Valencia con primor, alusiva á la ilustrada piedad de aquella señora, á su ejemplar conducta, y á la esquisita sensibilidad de que fué víctima. En la pared de enfrente de la puerta se han construido panteones con 12 nichos cada uno, que una junta nombrada al efecto cede perpetuamente por 2.300 ó 2.400 rs. el panteon y 200 cada nicho: su producto, conforme á lo dispuesto por la benéfica fundadora, debe invertirse en las obras pias mas urgentes, creándose asi un recurso, aunque pequeño, en alivio de las miserias humanas. Falta solo para completar esta obra tan importante que se planten, como está resuelto, algunas filas de árboles con arbustos aromáticos á der. é izq, de los anadadores interiores.

TEXTO 2.
MANUSCRITO ATRIBUIDO A DON JUAN SERRANO MARTÍ. C. 1885-1890.

En los siglos XV y anteriores Denia tenía su cementerio detrás de la calle Nueva, al lado de la muralla y frente a las Rocas; más tarde sin que se sepa la fecha se pasó a enterrar en la Iglesia del Castillo, y Convento de Franciscanos donde muchas de las familias pudientes tenían en propiedad una Capilla en la referida Iglesia, y otras por no tenerla y no querer enterrarse en la fosa común se enterraban en el indicado Convento en sepultura de distinción.

En abril de 1623 el Sr. Visitador se niega a reconocer la propiedad, y prorrogar el derecho de posesión de las dichas capillas, manifestando que si no probaban por medio de diligencia la dicha posesión no dejaba enterrar en ellas.

El Ayuntamiento enterado de la orden del Sr. Visitador tomó el acuerdo de que el Jurado Anto Mulet juntamente con dos testigos de la Ciudad y en unión de los advocados presente el asunto a la Real Audiencia.

Desde el año 1806 vuelvese á enterrar en el suprimido cementerio situado al mismo lado de la Iglesia, donde yá en otros tiempos, y no muchos años, se enterraba en él, y el primer entierro se verifica el día 21 de Marzo de 1806 con el cadaver de Bautª Alvarez Mengual de (Ondara) (Zapatero), y en 20 de Febrero de 1809 se dió sepultura al cadaver de Joaquín Ordines Pons, siendo este el último entierro en este Cementerio. La poca duración de este Cementerio seguramente se debe á que Don Franco Tomás de los Cobos Fiscal de la Real Audiencia de Valencia, en el mes de Febrero de 1809, en la Visita que hizo á esta población pasa un Oficio al Alcalde, pidiendo le conteste por medio de Oficio detallando en él, desde cuando se entierra en el Cementerio que hay dentro del Castillo, quién autorizó la construcción de dicho Cementerio, á que profundidad se entierran los cadáveres, y cual es la calidad del terreno.

En este mismo mes de febrero se pasa a enterrar en el Cementerio que se construye en el punto denominado la Closa de Transano, situado en el bancal entre las Casas de la Calle de la Trinidad y las Murallas, junto al Trencall.

Poca duración tuvo este Cementerio pues el día 24 de Febrero de 1813 se enterraba Mª Angel Cruañes de 44 años, siendo este el último entierro verificado en dicho Cementerio, pues el 27 del mismo Febrero se inaugura el cuerpo del Cementerio llamado viejo de muy pobre aspecto y reducida capacidad, enterrándose el cadaver de Mariano Collado de 65 años, Piloto, bisabuelo de Don Frasquito Morante, a quien todos emos conocido.

Este Cementerio fue ensanchado y levantado más sus paredes en el año 1843 á espensas de Doña Mª Josefa Morand que legó para tal fin cierta cantidad al morir en Novbre de 1842.

Mas tarde, el 19 de Marzo de 1881 el acaudalado comerciante de esta plaza Don Jose Morand Bordehore (Botichós de Morand) desde su casa en la partida (Colomer) escrita por su sobrino (por estar él ciego) Don Ambrosio Bordehore Reig, dirige al Alcalde de Denia una carta, que despues del saludo, dice lo siguiente. El respeto que siempre merece el pasado, sobre todo cuando se relaciona con el presente por vínculos de sangre, lazos de afecto ó corrientes de tradición, hace que los individuos y los Pueblos miren con interés y traten con veneración cuanto se refiere á sus antepasados. A su memoria reserva cada familia un lugar en su corazón, donde parece como que vive encarnado su espíritu en profundas intimidades de amor; á su memoria y a sus restos queridos dedica cada población un sitio sagrado por la Religión bendecido, por el temor custodiado, por la vivencia protegido, por las lágrimas santificado, por las oraciones ennoblecido y por el amor patrio conservado y defendido.

El Cementerio con la imponente Magestad que le comunica el recuerdo de la vida y la sombra de la muerte sobre él proyectada, es un monumento de honor levantado por los que son el eterno reposo de los que fueron. Nada, pues revela tanto como él la educación de los pueblos, ni marca con mas precisión el grado de cultura de las sociedades.

En Denia, como es sabido, tiene el Cementerio un doble obgeto: honrar con decorosa y cristiana sepultura los restos de los que nos hán precedido y utilizar en beneficio de los enfermos pobres los productos de la cesión temporal de sepulturas distinguidas. De esta manera ingeniosa y bién acordada se ha logrado lo que imposible parece: poner la muerte misma al servicio de la vida.

Estas circunstancias, y la de hallarse depositados en el Cementerio Católico de esta Ciudad mis amados antecesores y mis queridos hermanos, hán motivado se despertase en mi un vivo interés y un eficaz deseo de procurar llegue á tener todas las condiciones de capacidad y decoro que reclama la importancia de una Ciudad como Denia.

Al efecto y constándome ser insuficiente el local del Cementerio, hé comprado el terreno contiguo al mismo (cuatro hanegadas) con el ánimo y propósito de cederlo a la Beneficencia por el conducto que proceda, y a condición de reservarme de dicho terreno el que en su día estime yo necesario para levantar un panteón de familia.

Mientras llega el tiempo oportuno de celebrar la cesión con las formalidades de derecho, y queriendo solemnizar este día para mi tan grato, tengo el gusto de poner en conocimiento de Vd. y del Ayuntamiento que tan dignamente preside, mi propósito y resolución, asegurándole que siento una verdadera complacencia considerando que hé podido alcanzar la fortuna de ser util á Denia en lo que mas debe amar, proteger y respetar todo pueblo culto; el Hospital y el Cementerio.

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  1. Pascalle Van Damme dice:

    Pour connaître un pays, une ville, ses citoyens, (surtout si on y vit en tant que résidant) il faut aussi connaître sa culture et la richesse de son patrimoine. Pour connaître les vivants il faut aussi aller dans les cimetières, se laisser doucement envahir par la douceur des lieux, par sa tristesse et par le témoignage de l’amour (et des drames) que les vivants portent à leurs morts.
    Il y a là l’histoire globale des époques et aussi celles personnelles des tombes.
    Il fallait une personne particulièrement passionnée, cultivée et respectueuse pour nous guider sur ce cimetière emprunt de poésie, de générosité, un cimetière qui plante ses racines sur les terres de Denia et s’élève au ciel vers les cimes du Montgo. Un lieu de paix à travers mausolées, sculptures, fleurs, tonnelle et arbres centenaires. Merci à Pepe. Et pardon pour ne pas vous écrire dans votre langue, j ‘aurais trop peur de l’abîmer et mal exprimer mon émotion et ma gratitude à Dénia.

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