LA MARINA PLAZA

Feslalí Alcalalí en Flor
Periodismo, pase lo que pase
Publicado: jueves, 21 diciembre, 2017

Protección internacional para el corredor de cetáceos que pasa frente a la costa de la Marina Alta

  • Los países del Convenio de Barcelona, una entidad concebida para la preservación del Mediterráneo, blindan con una reserva toda el área que estuvo amenazada hace unos años por el proyecto para realizar sondeos petrolíferos
  • A partir de ahora, cualquier plan para buscar hidrocarburos deberá archivarse
  • La declaración de ZEPIM insta a defender las rutas migratorias de rorcuales y delfines frente a litorales como los de Dénia y Xàbia y a reducir la contaminación acústica submarina

Convertidos para poblaciones como Dénia y Xàbia en un valor medioambiental incalculable, y últimamente también en un recurso turístico, rorcuales y delfines seguirán teniendo como enemigo al cambio climático, pero se van a librar de forma taxativa de otras acciones hostiles del ser humano. Por ejemplo de las prospecciones petrolíferas que estuvieron amenazando al Golfo de València hace un tiempo y que ahora ya no serán posibles porque el corredor de cetáceos del Mediterráneo tendrá protección internacional, como sucede con corredores similares de otros mares y océanos del planeta.

Así lo ha decidido la 20ª Conferencia de las Partes (COP 20) del Convenio de Barcelona (Conferencia de los países ribereños que se encargan de proteger el Mediterráneo), que se celebró en Tirana (Albania) hace unos días, y que ha declarado a esta área Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM). Tal medida afecta a más de 46.000 kilómetros cuadrados entre las costas de Baleares, Cataluña y Valencia –al sur de la cual se encuentra la Marina Alta–, con un altísimo valor ecológico.

Se trata de una victoria para las organizaciones ambientalistas que llevan años reclamando esta protección y también para los ayuntamientos y las entidades empresariales, turísticas, sociales y vinculadas a la pesca de la Comunitat Valenciana y de las Baleares. Todas ellas plantaron dura batalla la pasada legislatura contra las intenciones de la petrolera escocesa Cairn Energy de efectuar frente a sus litorales sondeos petrolíferos. Estos últimos fueron al principio bien vistos por el Gobierno de Mariano Rajoy, que sin embargo después se vio obligado a recular ante esa enorme presión social.

Así que en octubre de 2015, Madrid dio oficialmente por extinguidos los permisos para investigar la posible presencia de hidrocarburos en el Golfo de València de los que disfrutaba la mercantil británica. Pero siempre quedaba la posibilidad de que a medio plazo cualquier empresa del sector de los hidrocarburos volviera a intentarlo. Ahora, con la decisión de los países del Convenio de Barcelona, ya no. Esta área queda blindada.

De hecho, una consecuencia directa de esta protección internacional es que el Ministerio de Energía deberá archivar todos los proyectos y solicitudes de permisos de prospecciones e investigación de hidrocarburos que afecten a este espacio protegido.  El propio Gobierno ha de llevar ahora a la práctica el acuerdo ratificado en Tirana emitiendo un decreto que declare la zona Área Marina Protegida y que ya está en trámite. Será el último paso.

Toda una vida submarina

Todo este entorno ahora beneficiado por la ZEPIM es valioso no solo por ser zona de paso migratorio para el rorcual común hacia sus áreas de cría y alimentación en el norte del Mediterráneo, sino también por ser hábitat y zona de alimentación para una gran diversidad de especies de cetáceos (rorcual común, cachalote, delfín mular, delfín listado, delfín común y cetáceos buceadores de gran profundidad como el calderón gris, el calderón común y el zifio de Cuvier) y para otras especies de fauna marina, como la tortuga boba o diversas especies de aves.

Ahora, se abre un plazo de tres años para elaborar un Plan de Uso y Gestión, tal y como obliga el Convenio de Barcelona, que contemple además la reducción de los niveles de contaminación acústica en esta zona del Mediterráneo, recientemente identificada como «punto caliente de ruido submarino» en un estudio científico internacional.

La contaminación acústica submarina pone en riesgo la supervivencia de las poblaciones de fauna, especialmente las de los cetáceos, ya que dependen del sonido para su orientación espacial, alimentación, reproducción o cría.

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