LA MARINA PLAZA

Fira Ondara 2017
Periodismo, pase lo que pase
Publicado: viernes, 27 octubre, 2017

Pepa Guardiola: «Nunca hubiera pensado en dedicarme a la escritura, pero me ha dado la vida»

Pepa Guardiola presenta este sábado en Xàbia su nueva novela, La memoria de las olas. Y lo hará en un lugar muy especial: el Riurau de Arnauda, a las 18:30 horas. La Marina Plaza ha conversado con la autora, quien aparte de contar más detalles sobre la obra, ha confesado detalles muy íntimos de su camino como escritora, profesora y, sobre todo, como mujer luchadora.

  • “Las mujeres somos el 50% de la población y estamos muy despreciadas, invisibilizadas y maltratadas”
  • “No sabría crear en castellano. La lengua es un elemento de creación y, al igual que si eres valencianoparlante te resulta más fácil decirle a una persona a la que quieres t’estime y no te amo, cuando escribo me sale de dentro. Es mi gran recurso”

Pepa Guardiola nos abre las puertas de su casa.

La memoria de las olas es el título de tu última novela, que presentarás en Xàbia el próximo sábado. El título es muy evocador, sobre todo para alguien natural de este pueblo costero. ¿Ha sido Xàbia una inspiración para este último relato?

Xàbia es el punto de partida y de regreso de la novela, aunque su nombre no aparece por el hecho de no contextualizar tantísimo. Sin embargo, si que aparecen topónimos, como el cabo de San Antonio, la Grava, el casco antiguo… El personaje se va del pueblo y está viviendo durante veinte años en Florencia. Después, por determinadas circunstancias, decide volver y la novela comienza precisamente cuando vuelve. Parte del relato se desarrolla en Xàbia, pero hay más escenarios como València o Alicante. Hay muchas historias cruzadas, concretamente de seis personajes, que transcurren en diferentes lugares.

En uno de tus blogs, Libros de Pepa Guardiola, comentas que después de escribir El desorden de las damas, sentiste la necesidad de hacerlo sobre el presente. ¿Qué presente se ve reflejado? Avánzanos un poco de qué trata la novela.

Yo siempre escribo a partir de sensaciones, de estados de ánimo y de cuestiones que me rodean o me motivan. Cuando escribí El desorden de las damas era una necesidad y un reto para introducirme dentro de la novela histórica para adultos. Este género ya lo había trabajado, pero más en carácter juvenil, con por ejemplo El talismán del tiempo o Recolectores de nieve. Tenía ganas ya de afrontar una para adultos.

Se ha hablado tanto de nuestros ancestros, de nuestros antepasados ​​más lejanos, de aquellos fundadores del Reino de Valencia, de Jaume I, los Fueros, los libros de caballería… yo, entonces, quise hablar de las mujeres, ellas fueron mi leitmotiv para escribir la novela. El título en sí ya era una contrarréplica a las órdenes de caballería. Me gustó escribirla, trabajé muchísimo y estuvo muy documentada.

Cuando la terminé pensé que, ya que había escrito sobre mis antepasadas, lejanas y remotas, ahora tocaría escribir sobre las mujeres de mi generación. El desorden de las damas la acabé en 2008 y se publicó en 2009, y la idea esa de escribir sobre mujeres de mi época se me quedó rondando por la cabeza.

Yo normalmente voy apuntando ideas y haciendo guiones en una libreta o en el ordenador, pero esa no la apunté. No era necesario, porque más que un guión, era casi una vivencia. Después, de hecho, escribí dos novelas juveniles más: una de ciencia ficción, El universo de las ideas perdidas, y una fábula de animales, La casta de Cuerno Roto. Pero cuando me jubilé me ​​dije a mí misma que era hora de comenzarla. Y entonces empecé a tramar, buscar personajes, a mirar a las mujeres de mi generación, mis amigas, mis compañeras, mis hermanas… y también los hombres que nos han acompañado y las circunstancias que hemos vivido.

En este caso no empecé, como era habitual, por el guión, sino perfilando los personajes, que son siete mujeres, siete amigas. Una vez que tenía ese trazo, empecé a pensar cómo podía unir sus historias. He estado tres años para escribirla. Me jubilé en 2013 y entonces ya la tenía en mente, pero lo que pasa es que ha tenido muchas interferencias porque he hecho cuentos y más cosas. El año pasado me centré y la escribí definitivamente.

Entonces las protagonistas son, una vez más, mujeres.

Sí. Son mujeres de mi generación. Y al igual que en El desorden de las damas hay una, la judía de Montpellier, que es la que une, aquí también hay una que se va del pueblo y cuando vuelve intenta rehacer todas sus relaciones, reconstruir su pasado, después de haberse ido muy enfadada por una serie de conflictos. En esa medida, va retomando la amistad con sus amigas, que como las olas, van y vienen. Alrededor de esto hay una trama, un conflicto, porque los fantasmas del pasado reaparecen.

En 2009 te estrenes en el ámbito de la novela para adultos, precisamente con El desorden de las damas, tras más de 20 años dedicándose a escribir cuentos y novelas infantiles y juveniles. ¿Qué te lleva a hacer este cambio?

Yo cuando escribo no mire si lo hago para adultos, para niños o para jóvenes. Escribo sobre lo que siento y me motiva. Estar tantos años en la escuela con niños, viendo sus caritas, lógicamente siempre hace que aparezca una idea. De hecho tengo varias novelas infantiles, como Tres títeres embrujados, Un bribón bajo el telón o Los ojos de Nereida, que están inspiradas en los niños y niñas de la escuela.

Con las novelas históricas me ocurre lo mismo. El talismán del tiempo surge, por ejemplo, del conflicto de la punta del Arenal, que yo lo viví muy intensamente en ese tiempo porque estaba de portavoz del PSPV. Recolectores de nieve también surge de unas historias de un libro que se publicó. Es decir, que siempre hay alguna cuestión que me lleva a escribir.

Cuando quise escribir sobre El desorden de las damas, era ya una necesidad que tenía, después de tanto oír hablar de Jaime I, de la conquista de Valencia y de quien somos los valencianos, y de ver que no aparecían las mujeres por ningún sitio. Además, la historia de la Edad Media me encanta. Concretamente, la anécdota de cómo surge El desorden de las damas viene de mucho tiempo atrás, de 1999, 10 años antes de que se publicara. Fue gracias a un viaje que hice a la Tinença de Benifassà. Allí, al llegar al Boixar me sentí como si me hubiera trasladado a la Edad Media. Hay que ir para sentir las vibraciones de la tierra más antigua.

Hice un pequeño guión de un cuento, pero lo dejé aparcado. Después fui documentándome sobre Jaume I, acudiendo al Llibre dels Fets, al Llibre dels Furs i al Llibre del Repartiment, que era donde se inscribían las donaciones reales tras las conquistas de las tierras de al-Ándalus.

Dos años después tuve una serie de problemas personales, me separé, y necesitaba irme de este mundo. Viajé a la Edad Media y para mí fue una cura. El arte cura heridas y mí, la literatura concretamente, me curó muchas. Las mujeres de El desorden de las damas fueron mis compañeras durante ese viaje que inicié ya como mujer separada. Me gustó muchísimo escribir novela para adultos y a partir de ahí salió la idea de escribir sobre las mujeres de mi generación.

Entonces no podríamos hablar de un punto de inflexión ni de un cambio de etapa en tu carrera como escritora.

No. Cuando me preguntan siempre digo que no se trata de querer probar ni de tener una línea definida. Bueno, en cierta medida mi gran línea son los cuentos. Yo soy, ante todo, narradora de cuentos. Y en La memoria de las olas se puede ver que no hay cuentos propiamente, pero sí hay muchas pequeñas historias que de alguna manera ejercen esa función de cuento. Como ya he dicho, escribo lo que siento en cada momento.

¿Qué ha supuesto para ti escribir para los más pequeños? ¿Ha tenido algo que ver tu trabajo de maestra de Primaria a la hora de decidir dirigirte a ellos?

Yo empecé escribiendo cuentos de riurau, que eran los que me contaban a mí de pequeña. En mi casa la tradición oral se ha mantenido muchísimo, mi madre era una gran contadora de cuentos. Esas historias yo las narraba en la escuela y a mis hijos, y en un momento determinado, empecé a recopilarlos de manera escrita y me animaron a que siguiera. Una vez que estuvieron escritos, los envié al Instituto de Cultura Gil Albert y los publicaron.

Para mí fue fácil después pasar de transcribir y literaturizar los cuentos de riurau a escribir cuentos para niños. Estaba acostumbrada a inventar y narrar en la escuela. Lo primero que escribí, que fue Premio Carmesina, se llamaba La migaja de cristal y trataba de una bolita que pierde un trocito de cristal y esa pieza hace toda una travesía por el mundo. Pues recuerdo que la inspiración fue mi hijo, que tendría entonces unos 10 años. Jugando con las bolitas, se le rompió un trocito y estuvimos un largo rato buscándolo.

Era muy gratificante escribir cuentos para pequeños, que yo luego les contaba en clase y veía en sus caritas si funcionaban o no. Ese periodo de mi vida fue muy agradable, fue una iniciación que nunca me esperaba. Nunca pensé que tuviera afición por la escritura, y fue todo un descubrimiento. Me ha dado la vida en muchos momentos.

Hoy en día las nuevas generaciones de jóvenes conviven con mil y una distracciones tecnológicas. ¿Crees que la lectura está abocada al fracaso con este público? ¿De qué manera se puede concienciar a los jóvenes para que lean más?

Hoy en día se lee más que antes. En los años 70 se leía poquísimo y en la década de los 80 ya empezaron a aparecer las bibliotecas escolares y municipales; se fomentó mucho la lectura. La década de los 90 posiblemente fuera la más brillante. Sí que es cierto que las nuevas tecnologías han influido para que ese tirón disminuya. Ha restado tiempo, pero yo siempre pienso que es cuestión, tanto desde la escuela como desde la familia, de que se den ejemplos y se creen modelos. Si creas modelos lectores, harás lectores. Y, al contrario, si sólo creas modelos basados ​​en la tecnología, harás jóvenes 100% digitalizados.

Yo no creo que la lectura se pierda, porque si los jóvenes están bien encarrilados, se utilizan los libros adecuados y se les encauza a que descubran el mundo de los libros, se pueden crear verdaderos adictos a la lectura.

Por otra parte, como resulta tan fácil hoy en día escribir y hay tanto hábito -aunque se escriba mal, con muchísimas faltas de ortografía y reduciendo palabras- los jóvenes se están aficionando más que antes. En mi época la escritura casi no se tocaba, la escritura epistolar no existía, y hoy en día está el whatsapp, que de alguna manera va enfocando a la juventud hacia la letra. Tanto para lo bueno como para lo malo.

Hay que crear modelos. Y yo veo el problema, más que en la era digital, en que interesa menos, en esta sociedad de consumo y tan dada a las modas, que se lea. Un libro vale unos 15 € y con él tienes para horas y horas. Dentro de lo que se pueda considerar, es barato. Hay otras cosas que son más caras, como por ejemplo las tabletas, que pueden costar 400 ó 500 euros, y duran dos años. Las nuevas tecnologías si que son carísimas.

Resume en tres palabras los valores que intentas transmitir en tus obras.

Solidaridad, igualdad y libertad.

¿La defensa de la lengua valenciana es también uno de ellos?

Más que un valor que intente promover es que no sabría crear en castellano. La lengua es un elemento de creación y, al igual que si eres valencianohablante te resulta más fácil decirle a una persona a la que quieres t’estime y no te amo, cuando escribo me sale de muy dentro. Es mi gran recurso. Es una lengua preciosa. Sin menospreciar a otras lenguas, la nuestra tiene una variedad de matices impresionantes. En la medida en que vas introduciendote y estudiándola, descubres unas palabras… preciosas.

Hace poco descubrí una palabra: gravors, que aparece en la novela. Es una palabra del vocabulario marinero que no está en el diccionario y que Xaro Cabrera la recogida en su libro Mar y lengua. La escuché y pensé: qué palabra más bonita!. ¿Qué significa gravors? Son esas líneas que se crean entre el paisaje y el cielo cuando empieza a ponerse el sol. Parecen unos grabados. Pues los marineros las llaman así. Las gravors del amanecer y las gravors del atardecer.

Estoy enamorada de nuestra lengua y cuanto más profundizo, más palabras bonitas encuentro. En La memoria de las olas he utilizado un lenguaje más ligero, más actual. Es decir, no he profundizado tanto. Pero en El desorden de las damas si que lo hice. Tiene un lenguaje más antiguo y muy elaborado. Cuando escribo para niños, tengo que cuidarlo también muchísimo, pero debe ser muy conciso y concreto, que entre dentro de su vocabulario.

Has sido durante muchos años parte de la lucha feminista.

Cuando yo empecé en la lucha feminista, en 1975, no nos considerábamos feministas como tal, no éramos conscientes todavía. Yo estaba entonces en Alicante y el padre de mis hijos y yo estábamos en un partido político. Nos reuníamos a menudo gente del ámbito la educación. Las mujeres estaban allí calladitas y ellos eran los que lo capitaneaban todo siempre. Luego, en casa ocurría al revés: ellos estaban sentados y las mujeres éramos las que dirigíamos.

Tras reflexionar sobre ello, las mujeres comenzamos a reunirnos y plantear nuestra situación. En aquel tiempo no podíamos ni tener una miserable cartilla del banco a nuestro nombre. De hecho, yo cobraba la nómina en una cartilla cuyo titular era mi exmarido. A raíz de formar ese grupo, nos pusimos en contacto con el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), que era lo que en ese momento estaba funcionando por Valencia, Alicante y Madrid. Yo tendría 20 ó 21 años, cuando tomé conciencia. Esa fue mi primera intervención con la lucha.

Una de las primeras manifestaciones que organizamos las mujeres en Alicante por la carestía de la vida fue todo un éxito. Yo en ese tiempo estaba de representante de la lucha democrática y fui quien lo propuse en nombre del Movimiento Democrático de Mujeres. Los hombres me miraban con aires de superioridad, como diciendo «esto no podrá ser», y luego no se lo creían.

Poco a poco hemos ido consiguiendo muchas cosas, como el divorcio. La protagonista de La memoria de las olas es, por cierto, una de las primeras divorciadas de España. Se divorcia en los años 80 y es uno de los conflictos que la invita a irse del pueblo. Tengo compañeras que lo han vivido. Se separaron muy pronto y en aquella época estuvieron muy mal vistas. La gente decía que si una mujer se divorciaba era porque no había sabido llevar bien al hombre y no lo había satisfecho. La culpable siempre era la mujer.

El derecho al aborto, que también ha sido difícil de conseguir; tener derecho a administrar tu propio dinero… todas esas cuestiones han sido pasos que se han ido consiguiendo poco a poco. Dentro de la militancia del movimiento feminista he tenido altos y bajos. En los años 80, cuando estaba en la escuela, me centré mucho en la coeducación, y ya a partir de los años 90 me puse más en serio a trabajar con la Xarxa de Dones de la Marina Alta.

Hemos hecho muchas cosas. Se avanzó mucho porque había mucha discriminación en los años 70. Los años 80 y 90 fueron un gran salto adelante, pero ahora la cosa está más parada, desde la Ley Integral de Igualdad. Se han logrado muchos avances en leyes, pero no en costumbres, hábitos y comportamientos. Esto, lógicamente, costará más, pero yo espero que poco a poco vaya consiguiéndose. Somos el 50% de la población y estamos muy despreciadas, invisibilizadas y maltratadas, tanto físicamente como desde el punto de vista de la imagen.

Y ya que hablamos de feminismo y estamos en la Marina Alta… ¿Cómo has vivido tus años como miembro de la Xarxa de Dones de la Marina Alta? ¿En qué situación se encuentra ahora la lucha feminista en la comarca?

He hecho muchas amigas en el camino de esta lucha. En la Xarxa de Dones se han creado unos lazos de complicidad, de intereses, de ideologías compartidas, de trabajo, de proyectos… no lo habría en otro lugar. Las miembros de la red nos reunimos a cenar y empezamos a lanzar ideas. He aprendido muchísimo. En la nueva novela aparecen esas amistades, aunque no como tal, pero se ven reflejados algunos rasgos y características.

Lo que pasa ahora es que estamos ya todas mayores. Hicimos un encuentro comarcal hará dos años con movimientos más jóvenes como Femme Força, un grupo de Benissa, el Grupo Dones Caudal de Pego, la Asociación Matria Dénia, Dones de Calpe, etc. Nos vino muy bien para compartir ideas, ánimos y proyectos. Todas tuvimos claro que teníamos que seguir adelante.

Ahora estamos planteando otro encuentro en enero al que invitaremos al grupo feminista de Xàbia Sense Murs. Hay mucho trabajo por hacer y, sobre todo, hay muchas posicioness y mucha gente a quien cambiar. Y eso ya es tarea de las nuevas generaciones. Sois las jóvenes las que ahora tenéis que luchar. Sois vosotros los que estáis sufriendo la estructura machista y patriarcal de la sociedad.

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