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Fira Ondara 2017
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Publicado: viernes, 8 septiembre, 2017

Jávea, el retiro del guerrero

ELECTRA PELUFFO

Aunque no es relevante para el relato, lamento no recordar a pesar de esforzarme, (¿había una K en su apellido?) el nombre de aquel soldado inglés, veterano de la guerra mundial y residente en Jávea, paraíso de los británicos. Mr.K miembro del ejército angloamericano luchó en la campaña de liberación de Italia en 1944-45 desembarcando en Sicilia y ascendiendo hacia el Norte del país que libraba encarnizadas batallas. La que se destaca en esta narración fue la de Montecassino, casi cinco meses de sangre y fuego. Vencieron, siguieron más al norte, pasaron por la Toscana, por Arezzo ese lugar privilegiado que concibió a Piero della Francesca y su pintura emocionante tanto tiempo después.

El soldado K. retirado, disfrutando de la vida en Jávea, planeaba ir a la Patagonia argentina para pescar truchas en sus ríos y me pidió datos; era, para mí, un proyecto por encima de sus fuerzas. No obstante, le acerqué toda la información que pude: hoteles, vuelos, mapas, aduanas…

Y la tarde que fui a su casa a contarle todo esto, conocí a Lucilla ¡recuerdo su nombre! italiana, vecina de Mr.K, charlamos amigablemente. Su amistad con el veterano inglés era reciente y por razones de cercanía.

Descanso de las tropas inglesas en la Batalla de Montecassino

Soy preguntona y, como pertenezco a una familia de emigrantes italianos en Argentina, me interesé por localizar los orígenes, formación y más datos de Lucilla. Nos caímos mutuamente bien, y en esa “caída” también participó Mr.K que escuchaba cada vez con mayor atención lo que Lucilla narraba de su niñez, 1944, Arezzo, rescate por las tropas aliadas, soldados ingleses muy jóvenes, ruido, miedo, jeeps, refugios…

El soldado K. tomó el relevo del interrogatorio que yo había iniciado y con gran emoción preguntaba detalles a Lucilla, que interrumpía sus respuestas buscando con trabajo, y bien a gusto, recuerdos, datos, memorias de más de cuarenta años. Poco a poco las palabras cedieron protagonismo a las emociones, a las sincronías geográficas, cronológicas, a los silencios necesarios para que el corazón procesara esto que estaba ocurriendo, y luego, muy contenidamente, estalló la verdad: en 1945 el soldado K. rescató a Lucilla en la batalla por liberar Italia del fascismo bélico.

Fui testigo en Jávea de ese milagroso abrazo amasado durante cuarenta años por unos recuerdos que ahora ya ¡mejor olvidar!

Saltaban las truchas en los ríos patagónicos.

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