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Publicado: Jueves, 15 Junio, 2017

Neuromárketing

JULIO MONFORT. Opinión

Lo único que ahora cuenta es convencer a nuestro cerebro sobre la necesidad del consumo constante, a ser posible compulsivo.

En el último viaje en tren de Barcelona a Valencia, que luego continuaría con un cercanías hasta Xeraco para recoger allí el coche y llegar hasta Dénia, no pude evitar fijarme en el libro que una chica joven sentada a mi lado, de poco más de veinte años y de rasgos asiáticos, leía concentrada a la vez que unos auriculares le taponaban los oídos, supongo que para escuchar música. Lo que despertó mi curiosidad fue la ilustración de la portada del libro, el perfil en sombra de una cabeza humana abierta por la parte superior del cráneo con una cremallera. El título de la obra: “Neuromárketing, la fusión perfecta”.

Resulta que las técnicas de venta nos meten ahora las ansias de consumir por las neuronas. Ante una materia de estudio tan apasionante, me he informado de que el libro en cuestión habla un poco de lo siguiente: “Los estudios etnográficos, aunque informan sobre el uso de diferentes productos y la compra de las diferentes marcas, no son capaces de adentrarse en la mente del consumidor. Esto ha hecho que se utilice cada vez más tecnología científica para medir respuestas psicológicas a un estímulo, lo que ha dado lugar a la disciplina del neuromarketing. En ella se promueve el análisis del tono de voz, respuesta pupilar, ritmo cardíaco, movimiento ocular, ondas cerebrales y otros factores similares para comprender mejor el comportamiento y la  respuesta del consumidor”. Lo de las ondas cerebrales es realmente fabuloso.

Hace tres o cuatro décadas se solía utilizar la expresión “lavado de cerebro” en el ámbito sobre todo de la ideología política, aunque también en el de las religiones. En un contexto más coloquial solíamos hablar de “comida de tarro” para referirnos a cualquier cosa cuyo objetivo fuera modificar nuestras opiniones y nuestro comportamiento. Pero todo eso parece haber quedado cadudo con la irrupción del neuromarketing. Ya no se trata de cambiar de ideología o de creencias. Eso ya no importa o es lo de menos. Tenemos libertad absoluta en apariencia, dentro de un orden, faltaría más . Todo está bajo control. Lo único que ahora cuenta es convencer a nuestro cerebro sobre la necesidad del consumo constante, a ser posible compulsivo. Y ante unas técnicas tan sofisticadas, que casi parecen una hipnosis colectiva legalizada, las opciones de defensa son escasas.

En fin, el caso es que mientras la joven iba leyendo su libro con sus auriculares enchufados, un servidor se embrutecía cuando menos las manos de tinta con la comida de tarro del periódico del día. Y me pareció especialmente curiosa y a la vez casual, como venida muy a cuento, la viñeta de El Roto, humor ácido, cortante y necesario donde los haya, en la que un tipo con los ojos como platos que contaba billetes de quinientos decía: “!Tener y tener, esa emoción tan humana!”. Hay que renocer que el tener, esa falsa felicidad, ya ha ganado por goleada al ser. Es que juegan con mucha ventaja.

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