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Publicado: Domingo, 11 Junio, 2017

La maestra de Ondara que resistió al Franquismo

  • Carles Torres arroja luz sobre la figura de Joaquina Gavilà (1876-1951), una de las grandes renovadoras de la educación, empeñada en que las mujeres adquirieran conocimientos y supieran algo más que bordar, y depurada por la dictadura en 1940: primero con la separación definitiva de la enseñanza, después con el destierro

Joaquina Gavilà, a la derecha, junto a las alumnas de una de sus clases.

La mestra, hacia 1910.

Desde hace más de ochenta años, hay familias en Ondara que han guardado como oro en paño los cuadernos escolares de sus madres, de sus abuelas. No es extraño. Con esas hojas cuadriculadas, aquellas niñas de la primera parte del siglo XX aprendieron a leer y a escribir primero, y después el mapa de Europa, la anatomía del cuerpo humano, literatura y poesía durante las clases que impartió durante décadas Joaquina Gavilà Ivars (1876-1951). O en Ondara, la mestra. «No hemos podido encontrar ni una persona que hable mal de ella en el pueblo, ni una» señala el profesor Carles Torres, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y exdirector de la Uned de Dénia.

Sin embargo, y a pesar de que después de tanto tiempo Joaquina Gavilà aún es recordada y estimada en la población, muchos datos sobre su trayectoria biográfica eran desconocidos porque a diferencia de otros grandes pedagogos no dejó nada escrito. Así que Torres se lanzó a investigar sobre su figura, acudió a universidades y archivos, habló con profesores, expertos, exalumnas –ya sólo quedan tres vivas en Ondara– y familiares, y logró arrojar luz sobre una multitud de incógnitas.

El resultado le permitió bosquejar una trayectoria vital tan apasionante como dramática que simboliza la pelea de la mujer por alcanzar el conocimiento y la sabiduría en el terrible siglo XX y que ahora Torres ha publicado en un libro de título irrenunciable –Joaquina Gavilà, la mestra– incluido en la serie de Personatges i fets d’Ondara que impulsa la Associació Ocell, presidida por Vicent Ortuño.

La mestra perteneció a ese movimiento pedagógico que intentó renovar el panorama educativo durante las primeras décadas de siglo y hasta la II República, y que fue abruptamente interrumpido al finalizar la Guerra Civil, cuando muchos de aquellos profesionales de la enseñanza, incluida nuestra protagonista, fueron depurados por las autoridades franquistas.

Cuando a la mujer le bastaba con saber bordar

Mapa de Europa dibujado por una de sus alumnas.

Redacción sobre Dantes. 1933.

Nacida en Ondara en 1876, estudió en Valencia los tres cursos de Magisterio Superior donde con toda probabilidad conoció a Carles Salvador y entró en contacto con Martí Alpera, profesor de Magisterio de Barcelona y uno de los grandes renovadores del panorama educativo de todo el país, donde introdujo las nuevas pedagogías que se estaban desarrollando en la Europa de entreguerras. Gavilà comenzó a dar clase en Molinicos (Albacete), después en Alborache (València) y posteriormente en su población natal.

Como otras maestras, Joaquina también incorporar a la mujer a las aulas con rango de pleno derecho. Y no lo tuvo fácil. Se topó muchas veces con aquel tópico que indicaba que para ser una «una buena ama de casa» no hacía falta aprender demasiado. Y en ocasiones tuvo que ir puerta por puerta a las casas de sus alumnas para convencerlas de que fueran a la escuela. Luchó así contra el absentismo escolar cuyas tasas en localidades como la Ondara de la época, con apenas 2.700 habitantes, «eran brutales» sobre todo en la población femenina.

En realidad, durante toda aquella primera parte del siglo XX, las niñas tenían que aprender en la escuela lo justo: bordar, leer, escribir, contar y rezar. Pronto se quedaban en casa para ayudar a las madres en las tareas domésticas o para cuidar a los niños pequeños de las familias más ricas. La mestra se reveló contra aquella visión machista de las cosas. E inculcó a sus alumnas geometría, historia, aritmética, ciencias naturales ….

La fauna. 1934.

Llegó a dar clase a 140 escolares. Sólo entre 1912 y 1936 en su hoja de servicios acumuló tal nómina de menciones honoríficas que posiblemente según Torres «fue la maestra más premiada de la provincia de Alicante» Su éxito académico fue tal, que en 1922 recibió una denuncia porque le estaba quitando alumnas a las monjas. Tal queja quedó en nada -el alcalde de la época la rechazó porque dijo que no se podía castigar a nadie por hacer bien su trabajo-, pero jugó un papel importante 17 años después, cuando fue sometida a un proceso de depuración en 1939 por los vencedores de la recién terminada Guerra Civil.

Redacción por el III Aniversario de la Segunda República.

«¿Anticatólica? Eso es algo personal»

Casa de Joaquina Gavilà en Ondara.

Joaquina Gavilá fue denunciada por las fuerzas vivas del pueblo, entre las que se encontraban el alcalde, el cura, el jefe local de la Falange y el principal mando de la Guardia Civil. Todos ellos la acusaban de dos grandes pecados: haber estado afiliada a Izquierda Republicana y a UGT; y ser anticatólica. Una prueba de esta última mácula sería precisamente aquella denuncia del año 22.

Lo que plasma muy bien el temple de la acusada es que a la hora de defenderse en su pliego de descargo no negó las acusaciones. Lejos de retractarse, las admitió. Mantuvo sus principios. Reconoció haber pertenecido a ambas organizaciones, algo por otra parte muy habitual entre el cuerpo de profesores de la zona republicana, porque era necesario para recibir el sueldo.

Pero sobre todo, aseguró que la cuestión de su presunto anticatolicismo no era pública, no le interesaba a nadie más que a ella, entraba dentro de la esfera de sus creencias personales. Lo extraordinario era que Joaquina Gavilà no era ninguna atea: por el contrario era practicante y creyente. «Fue una prueba de su fortaleza, no dio un paso atrás a pesar lo que se estaba jugando, no mintió», agrega Ortuño.

En Ondara, hubo quien también defendió a la mestra. En ese proceso la avalaron 40 mujeres del municipio, en su mayoría exalumnas que no quisieron olvidarla, y también tres hombres quienes, por desgracia para ella, no tenían demasiado peso político en aquel nuevo mundo, a pesar de que uno de ellos había sido un antiguo alcalde monárquico.

Las autoridades franquistas emitieron dos dictámines contra Gavilà. El primero fue el más duro. Lo dictó en febrero de 1940 la Comisión Depuradora del Magisterio Nacional de Alicante:  después de considerar que la «interesada» no había podido «demostrar nada ni presentar prueba alguna» en su defensa, proponía «su separación definitiva de la enseñanza».

Primer veredicto del proceso de depuración contra la maestra.

Sin embargo, la decisión final estaba en manos del mismo organismo en Madrid, que en noviembre del 40 atemperó notablemente la pena y «solo» la condenó a dos años de destierro para ejercer su magisterio en Benéjuzar, en el Baix Segura, adonde Joaquina partió en julio de 1942. Fue algo sorprendente: «no conocemos en esa época de ninguna otra sentencia en la que el veredicto definitivo fuera más leve que el provisional», señala Torres, después de consultar esta cuestión con una de las grandes expertas en esta materia, la profesora de la Universidad de València Carmen Agulló.

Algo pasó que no se ha podido establecer pasó entonces con Joaquina Gavilà, quizás una rehabilitación tácita, alguien que intercedió por ella: en 1944, aún desterrada, recibió un homenaje de una de las poblaciones donde había ejercido su magisterio, Alborache, cuyo ayuntamiento le concedió una medalla que equivalía a considerarla hija adoptiva del municipio. «Y era muy extraño homenajear a una personadepurada hacía apenas unos años». Máxime en un momento en que la represión política de la dictadura aún era muy intensa.

Un poema salvado de la desmemoria

La vida de Gavilà fue difícil ya no sólo por aquel proceso de depuración sino también porque perdió una hija que tuvo a una edad ya tardía. Y hay una historia conmovedora al respecto. Joaquina le dedicó a su criatura desaparecida un breve poema que mandó inscribir en una lápida. Una vecina del pueblo, Pura Ferrando, recordaba que siendo pequeña iba con frecuencia al cementerio con su madre a limpiar un nicho familiar que estaba muy cerca de la tumba de la hija de la maestra. Y que de tanto leer aquellos versos se los aprendió de memoria. Hoy aún los recita. Decían así:

«Tu ausencia fue pronta,

nuestra pena fuerte;

¿será cual se dice

bálsamo la muerte?

Por eso conservan

íntima alegria

tus padres que esperan

verte pronto un día».

La buena memoria de Pura Ferrando ha sido providencial porque el poema ya no es visible debido a que por motivos económicos se le dio la vuelta a la lápida para aprovecharla con otro motivo de enterramiento, probablemente el de la propia Joaquina Gavilà. Así que ahora la poesía queda dentro del nicho.

La figura de Carles Torres

Además de a Carmen Agulló, Carles Torres (Ondara, 1948) también ha agradecido en su obra la implicación de dos profesores de la Marina Alta, Javier Calvo y Teresa Ballester. Su libro fue presentado el pasado viernes junto a una exposición sobre material escolar de las clases de Joaquina Gavilà en la Casa de Cultura de Ondara.

Torres ha ejercido como maestro en  Pedreguer, La Vila, Villafranqueza y Alpatró. Y como psicopedagogo en el SPE de La Marina en la Vila y Dénia y el Instituto Chabàs de Dénia. Dirigió el colegio Trinquet-Alfàs de Pedreguer,  el SPE de La Vila, Altea y Dénia, el Instituto Chabàs y la UNED de Dénia.

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