LA MARINA PLAZA

Orba La Vetlaeta 2017 cine teatre música senderisme
Periodismo, pase lo que pase

Aciertos y frustraciones de los dos años de gobiernos del cambio en la Marina Alta

  • El tren, la sanidad, el paro o el agua siguen sin resolverse pese a todos los esfuerzos
  • Falta saber si la actual batalla por diversificar la economía beneficiará a autónomos y trabajadores precarios y hará ciudades más amables
  • Se han roto tabús: la ausencia de ediles en las procesiones, los bous embolats…

Pese a que las elecciones celebradas hace ahora dos años, el 24 de mayo de 2015, desencadenaron el acceso al poder de numerosos gobiernos del cambio, los grandes problemas comarcales que quedaron pendientes al finalizar la pasada legislatura continúan sin resolverse en ésta: la Marina Alta sigue siendo un territorio muy mal comunicado que no tiene tren a València, se ha quedado sin TRAM a Alicante y su autopista es de pago; su sanidad todavía se mantiene en manos de una empresa privada; las tasas de paro bajan apenas a cuentagotas, sin que acabe de definirse un modelo económico de futuro; sus ciudades necesitan reinventarse para ser algo más que destinos de sol y playa; y aún no hay una política hídrica comarcal. Ni se la espera.

Ahora bien, por ser justos, también hay que decir que si muchas de estas rémoras no han podido solventarse en estos dos últimos años es porque llevan pendientes desde hace décadas; que dependen en muchos casos de la voluntad de otras administraciones; y que los ayuntamientos progresistas surgidos de las urnas en 2015 y formados en los núcleos más habitados a través de pactos entre PSPV y Compromís (Dénia, Ondara, El Verger, Els Poblets), entre Compromís y la marca local de Podemos (Gata), entre tripartitos (Benissa) o través de históricas hegemonías de un solo partido (los socialistas en Xàbia, Compromís en Pedreguer), han derrochado notables esfuerzos para rastrear soluciones muy complejas.

1.Trenes y tranvías antes de 2019

Para ello se ha fortalecido la Xarxa d’Alcaldes, que ya funcionaba en la pasada legislatura, que ha presionado mucho para que se avance en el tren a Gandia y València (aunque sin conseguir pactar un itinerario de ese futuro ferrocarril a su paso por la comarca) y que ha respirado con alivio al ver que la Generalitat está presupuestando las inversiones necesarias para poder reabrir el TRAM, convertido además en un más que deseable tranvía a su llegada a Dénia. Todos esos esfuerzos sí deberían cristalizar en algo concreto al final de la legislatura, lo mismo que la liberalización de la AP-7, prevista para 2019.

2. Concejales diciéndole a los ejecutivos de una empresa privada que se vayan

También en teoría justo antes de acabar el mandato la sanidad de la Marina Alta ha de volver a ser pública. En este caso el PSPV se juega mucho en el empeño porque así lo han prometido el president Ximo Puig y su consellera de Sanidad, Carmen Montón.

Después de algunos meses de extraña pasividad, la Xarxa se ha espabilado y le ha exigido a Marina Salud que antes de irse resuelva algunos de los déficits de la atención a los pacientes de esta comarca:  que la concesionaria cambie a su actual directiva (no deja de ser extraordinario que una entidad pública pida la dimisión de la cúpula de una empresa privada), que el Hospital deje de ser una eterna lista de espera o que se mejore la atención primaria (ya se ha logrado que Xàbia también tenga ambulatorio de verano y ahora se exigen los nuevos centros de salud en Pedreguer, Calp y Dénia.

3. Caminos para reinventarse

Fotografía: Manu Robles

Mucho más difícil es aún la cuestión de la economía. Saber qué quiere ser la Marina Alta de mayor. Es esta una época extraordinaria en la que finiquitado con la crisis el monocultivo de la construcción, ha llegado el momento de buscarse la vida. Y todos los expertos coinciden en que hay tres caminos: un turismo mucho más diversificado, más allá de los apartamentos, la playa y la sombrilla, que promueva la desestacionalización; una gastronomía de calidad que no signifique sólo un aluvión de restaurantes sino que abarque todo el proceso de producción (cooperativas, bodegas, mercados…); y la búsqueda de otras economías, vinculadas sobre todo a las nuevas tecnologías.

Muy pocos se creen esta última posibilidad, mientras que sí se han hecho muchas cosas en las otras dos: se ha buscado (aunque no acaba de concretarse) una marca turística comarcal; comarcal es también el proyecto de Dénia, ciudad creativa gastronómica de la Unesco, que intenta llegar precisamente a todos los sectores agrícolas y a todas las localidades, desde las tierras de Xaló y Pego a las cofradías de Calp o Xàbia; Xàbia, precisamente, ha diseñado una ambiciosa oferta en turismo medioambiental o cultural; a este último se ha sumado también Pedreguer con la construcción de un museo; hay ferias de agitación económica y gastronómica en casi todos los municipios (destacables los empeños de Gata, Ondara, El Verger o Pedreguer) y casi todas los municipios cuentan con mesas de empleo.

Sí, se han hecho muchas cosas pero, ¿hay resultados? Salvo excepciones no son tangibles: no se sabe si alcanzarán a los dos grandes sectores productivos de esta comarca, el ejército de pequeños empresarios, autónomos y emprendedores que tantas veces se queja de la lentitud de las administraciones; y el otro ejército de trabajadores y asalariados que ahora mismo entran y salen de la lista del Servef, condenados a trabajos temporales y precarios casi siempre ligados a la hostelería.

4. Ciudades más amables….

Uno de los problemas reside en que algunos empresarios de los de toda la vida están esperando que el mundo vuelva a ser como lo era antes de 2007 para volver a vender/especular/construir con terrenos. La presión urbanística ha regresado. Se están construyendo centenares de viviendas en Xàbia. También en las zonas más exclusivas de Dénia, con un proyecto para urbanizar en primera línea de una playa que casi no es playa.

Estas dos ciudades tienen pendientes redactar planes generales que deberían estar concluidos en esta legislatura y servir para que se construya con seguridad jurídica pero de forma ordenada, logrando poblaciones más humanas y peatonales y que dependan menos del turismo. Aquí, los gobiernos del cambio se la juegan: en el pasado, ayuntamientos de izquierdas no pudieron, o no supieron, frenar la construcción masiva.

Dénia y Xàbia han prometido no caer en los errores del pasado y además ya han pactado restricciones parciales -aunque con mucha prudencia- para preservar algunos de sus escenarios más emblemáticos amenazados por los altos índices de ocupación turística, como la Cova Tallada o, en el caso xabienc, la Granadella y su litoral sur.

En el resto de la comarca, Benissa ha anunciado la protección de zonas donde había planificadas macrourbanizaciones y campos de golf. Y Gata se apresta a realizar un plan de movilidad que incluye al fin peatonalizaciones en su casco antiguo, que también en Dénia (Les Roques) ha experimentado un parón a la dictadura de los coches. 

5…. y ciudades un poco menos pobres

Los ayuntamientos siguen encorsetados por las severas restricciones económicas de Montoro, pero una vez pasado lo más duro de la crisis ya pueden volver a invertir gracias a sus propios recursos o a subvenciones: Dénia por fin podrá ejecutar las obras del Plan Confianza tras años de espera, Xàbia ha realizado un aluvión de obras bajo el patrón del “pequeño urbanismo” y se apresta a realizar un auditorio, Ondara ha inaugurado su nuevo trinquet, Pedreguer su nuevo pabellón… Los ejemplos son incontables. 

6. Gobiernos sorprendentemente estables (con excepciones)

Una de las grandes amenazas que se cernían sobre los consistorios del cambio era que al estar integrados en su mayoría por varias fuerzas políticas podrían verse abocados a la inestabilidad. Pero eso no ha pasado. No ha habido ninguna moción de censura y la única variación de gobierno mediada la legislatura ha sido para que la izquierda recupere otro feudo, Benissa.

Sí han habido algunas dificultades propiciadas por las eternas fricciones entre PSPV y Compromís en algunas localidades. En Gata, los socialistas se salieron muy pronto del tripartito formado con Compromís y Podemos e incluso flirtearon con una moción de censura junto al PP que la dirección comarcal paró a tiempo.

El papel de esta última también ha sido vital para que en El Verger los socialistas cedan ahora la vara de mando a Compromís tal y como estaba pactado para el ecuador de la legislatura y sobre todo teniendo en cuenta que en Ondara Compromís ya ha cumplido pasándole a su vez el testigo de la Alcaldía al PSOE. 

7. Fuera tabús

A principios de 2015, parecía inimaginable que en una de las zonas más señoriales de Dénia, la del Quatre Cantons, hubiera un paso de cebra multicolor para festejar la diversidad sexual. Pero ocurrió. Los gobiernos del cambio han echado abajo tabús que parecían intocables.

Han disminuido su presencia institucional en los actos religiosos de las fiestas, devolviendo a los ayuntamientos el carácter laico que les reserva la Constitución. Así ha pasado en Dénia, Ondara, Gata, Pedreguer… Y también en Benissa, aunque aquí la timidez de la medida provocó la crisis más grave en el seno del nuevo gobierno. 

Muchos ayuntamientos han prohibido además los bous embolats, caso de Xàbia, Ondara, Gata,, Xaló o Benissa (además de Benitatxell), bien a través de referéndums o por decisión directa. En Pedreguer, el ayuntamiento ha optado por no autorizar la celebración del bou embolat en las fiestas. Raimon regresó a Dénia y asociaciones tanto tiempo vetadas volvieron a hacerse respetables, como la de Ocell en Ondara

Deja tu comentario

urbanizacion Mar Jonica denia viviendas
art al vent gata de gorgos art tèxtil 2017
cruceros kontiki tabarca alicante ocio visitas




Etiquetas: ,
Contenido patrocinado
La Marina Plaza. Noticias. Diario de la Marina Alta.