LA MARINA PLAZA

Mezquida Denia plagas mosquitos ingeniería
VOLEM EL TREN
Publicado: Martes, 16 Mayo, 2017

Se vende parcela (playa no incluida)

JAVIER JUSTO MONCHO.

Sal y roca. Y cemento. Uno de los páramos costeros más hermosos del levante y menos respetados. Una frontera con el sabio mediterráneo que tardaron en proteger y cuya belleza, para desgracia, descubrieron primero los especuladores, adinerados y ajenos.

Ajenos a la tierra que antaño nos pertenecía. Pero ya no, pues nada nos dejaron para considerar propio.

Les Rotes es esa bandera que tendríamos que haber ondeado al frente de una procesión de orgullo por los tesoros de la Marina Alta. Pero a escondidas, intercambiando recomendaciones de boca a boca y en voz baja entre los propios vecinos. Una fortuna nuestra, convirtiéndonos así en verdaderos afortunados.

Tarde. No lo apreciamos y nos arrebataron la costa. Claro que no solo esa, sino todo el levante sin casi excepciones. Aun así, en Dénia las de arena mojada eran cedibles. No nos gusta haber regalado parte de nuestra tierra para el turista y el agresivo constructor, pero si hubiésemos sido obligados a prescindir de una parte importante nuestra habría sido la alargada costa de arena repuesta. El placebo perfecto para el turista que busca playa.

No obstante, Les Rotes tendría que haber permanecido para el vecino. Para el gozo de la Marina Alta. Un escondite donde disfrutar de la naturaleza en esta costa cuya agresiva apariencia la mantienen en perpetua virginidad.

Y escondida se ha quedado, pero sobre todo para el propietario, para el pueblo de la Marina. Una veintena de poderosas familias la han convertido en un cuadro que colgar en sus casas construidas en la preciosa playa, con sus impresionantes ventanales con el que a modo de escaparate presumen de esa costa que no les pertenece. Estos chalés, a su vez, forman una muralla de cemento para dificultar el acceso al vecino y la desconexión de la urbe, manteniéndose orgullosamente erguidos como diciendo «os doy permiso para visitar lo que es mío».

Ahora no nos quieren «honrar» con la bandera azul que reconozca este tesoro natural. ¿El motivo? Parece que el viejo trampolín vigía durante generaciones, el cual da nombre a una de las calas más importantes de Les Rotes, no es del gusto de los jueces. Por ello, nos dejan sin su prostituida bandera convertida en reclamo publicitario para, en su radio de acción, vender las copas más caras en sus chiringuitos, aumentar el precio de los menús de sus restaurantes, inflar el valor de la habitación de los hoteles y subir el coste de los monstruos de cemento que se levantaron sin permiso de la naturaleza –la cual ahora ha contraatacado-.

Esta pérdida del distintivo pone trabas a que podamos vender Les Rotes en el próximo Fitur, ocultando un poco este tesoro nuestro e impidiendo su deslocalización. Una medida que, aunque tarde, igual provoca que se reduzca la afluencia turística en favor de la venerativa. 

Pues, sinceramente, por mí que se queden su presuntuoso galardón azul que yo me quedo con Les Rotes y dejaremos al trampolí por bandera.

Etiquetas: , , , ,
Contenido patrocinado

Pin It on Pinterest

La Marina Plaza. Noticias. Diario de la Marina Alta.