LA MARINA PLAZA

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VOLEM EL TREN
Publicado: Martes, 4 Abril, 2017

Resistir a cualquier precio

OPINIÓN

ARTUR BALAGUER

No hay nada peor que no saber cuándo le ha llegado a alguien su hora. Nada puede provocar más lástima. Y Ana Kringe está empezando a darla. Que continúe en política es un milagro de los que solo se producen en suelo español.

Estaba ya bajo sospecha. Este periódico publicó hace nueve meses que en la relación de ayuntamientos que contrataron con las empresas de uno de los cabecillas de la trama Púnica, Alejandro De Pedro, estaba el ayuntamiento de Dénia, aunque, de momento, ninguno de los exgobernantes dianenses ha sido imputado, a pesar de que la Guardia Civil llegó a presentarse entonces en el consistorio para recabar facturas, y tanto Kringe como otro edil popular (Sisco Signes) y dos jefes de gabinete de alcaldía (que un ayuntamiento de 40.000 habitantes necesite un jefe de gabinete de alcaldía no deja de tener gracia) tuvieron que declarar en la Comandancia de Alicante.

Pues bien, la sospecha se ha esfumado. Y el rastro que deja es un pufo. Sin más. Las conversaciones reveladas en exclusiva por eldiario.es, el periódico digital que mantiene con lamarinaplaza.com un acuerdo de colaboración, ya no dejan lugar a dudas. La relación entre Kringe y De Pedro era tan fluida que el cabecilla de la trama llega a decirle: “(…) seguiré haciendo lo que estoy haciendo porque eres tú (…)”.

Aquí debería acabar esta opinión, si no fuera porque esta política de formas caducas y transnochadas, muy propias de lo que en su día se dio en llamar el zaplanismo, están llevándonos a todos al límite la tolerancia.

Ana Kringe, durante una rueda de prensa cuando era alcaldesa de Dénia.

No es ya que llegara al poder con una moción de censura que luego trufó de ilegalidad (lo dijo un tribunal) premiando económicamente al concejal tránsfuga del PSPV que la apoyó para conformar un pentapartito. Ni siquiera que uno tenga dudas (por no decir sospechas) repecto a las decisiones que tomó su gobierno en relación con determinadas expropiaciones que le costarán un pastizal al contribuyente (me permitirán que a estas alturas no crea en la inocencia de según qué errores ni casualidades).

Es que Kringe está bajo sospecha, y créanme que sé de qué hablo porque conozco bien el caso desde que fue denunciado a la Fiscalía por el ayuntamiento de Orihuela y la UDEF emitió un informe demoledor, por su gestión en el Patronato de Turismo de la Costa Blanca. Es más que probable que tenga que volver a declarar –veremos en qué condición- por las repetidas adjudicaciones del estand de Fitur del organismo provincial a Los Vascos (ella sabrá a quién me refiero).

Y ahora estas obscenas conversaciones, reveladas por eldiario.es y replicadas por lamarinaplaza.com. Lo que les decía: evidencian una forma de hacer política caduca, transnochada, insoportable. Crear un libelo (me niego a calificarlo como periódico; los periódicos los hacen los periodistas) para que su línea sea “dar hostias [sic] a la oposición” define exactamente de qué tipo de pasta está hecha esta política. Por supuesto, el periódico no lo pagaba nadie de su bolsillo.
¿De dónde creen que salía el dinero? Pues si, han acertado.

Ni siquiera cabe hablar ahora de la nula gestión de sus gobiernos. De que ni siquiera fuera capaz de sacar adelante entre 2009 y 2015 uno solo de los proyectos del Plan Confianza que diseñó su partido para contrarrestar los dos planes E del Gobierno de Zapatero. A lo largo de siete años como alcaldesa, no hay nada de la gestión de Kringe que merezca ser subrayado, a pesar de que llegó a incrementar la deuda de la ciudad en casi 20 millones de euros, hasta superar los 53 millones en 2013, por encima de los 49,4 que tenía la ciudad como presupuesto el año pasado.

Pero lo que más sorprende de Kringe es que su medio origen alemán, anglosajón, el que proviene de su primer apellido, no tenga ningún peso en la toma de sus decisiones. En Alemania ningún político estaría resistiendo en el cargo en una situación como la suya.

No está imputada, es verdad, aunque haya sido investigada, de momento sin efectos jurídicos. Pero las evidencias en su contra no pueden sostenerla por más tiempo, ni siquiera después de haber dado un paso atrás, o al lado, para dejar paso. Lo suyo, lo que procede, es que se vaya a su casa. Cuanto antes. Por salud e higiene democrática, y por la suya y la de su partido.

Solo con seguir los antecedentes, no es difícil colegir que no sucederá de entrada. Que la cuestión es resistir, a ver si pasa la tormenta. Pero no escampará. No ha pasado de largo en Murcia, donde su presidente, por prácticamente lo mismo que Kringe, está al borde de la imputación. Allí, Pedro Antonio Sánchez ha resistido con el apoyo del PP. Absurdamente. Inútilmente. Al final, se tendrá que ir. Y le habrá hecho un daño irreparable a su partido.

Lo peor de todo no es que un periodista esté escribiendo esto, es que lo que aquí pueden leer como una opinión firmada, no se lo diga el PP.

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