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Publicado: Jueves, 30 Marzo, 2017

Pedreguer recupera la casa del gran banquero de la pansa y el juguete

  • Historia: Josep Comes, uno de los escasos banqueros particulares de la historia de la Comunitat, hizo fortuna vendiendo directamente la pansa en la City de Londres, fue depositario de los ahorros que enviaban los inmigrantes de la comarca desde los Estados Unidos y trabajó con ayuntamientos republicanos durante la Guerra Civil
  • Pedreguer convertirá ahora la sede de la antigua Banca Comes en un espacio para la tercera edad, tal y como desean los herederos de la familia

Fachada de la banca Comes,.

Esta historia es pura Marina Alta. La protagoniza el linaje de Josep Comes Martí, quien además de ser uno de los escasos banqueros particulares de la Comunitat, estuvo íntimamente vinculado a la pansa, la industria juguetera o la emigración a los Estados Unidos; es decir, a algunos de los acontecimientos capitales que marcaron la memoria de esta comarca en la primera mitad del siglo XX.

Ahora, su nombre ha vuelto a ser evocado después de que el Ayuntamiento de Pedreguer haya decidido rehabilitar la fabulosa casa solariega en la calle Bonaventura Costa, que ya antes de la Guerra Civil albergó la Banca Comes, en un espacio para la tercera edad, tal y como desean los descendientes de la familia, que recientemente donaron el edificio al consistorio.

El hecho de que Josep Comes Martí pudiera adquirir un inmueble de tan importantes dimensiones a pesar de que sus orígines eran bastantes modestos, esconde una biografía fascinante. Fue el más pequeño de una familia de 12 hermanos originaria de Parcent y su padre, Josep Comes Calatayud, era barbero y sacamuelas; con el tiempo, pudo adquirir una extensión de terreno en la partida del Palmar, en Dénia, donde con la ayuda de su extensa prole consiguió plantar viñas de tierra para la producción de la pansa.

Sin embargo, y según describe Xavier Serra en Biografies Parcials, al pequeño Josep se le buscó otro destino. Como ya había hermanos de sobra para cultivar la tierra, el benjamín de la familia era cada día enviado a Dénia para que aprendiera inglés, toda vez que en esta ciudad y como causa del negocio de la pansa había una pequeña colonia británica. Cuando dominó el idioma, a los 18 años, Josep Comes Martí se embarcó en un mercante hacia Inglaterra para intentar vender la cosecha del padre saltándose a los intermediarios e incrementar así el margen de beneficios.

La idea salió bien. Muy bien. Josep Comes acordó en tierras británicas la venta de la cosecha de pansa del padre a un precio excelente, muy superior al que pagaban en los almacenes de la propia Dénia adonde acudían habitualmente los agricultores de la comarca. Por eso, muchos otros vecinos le pidieron que también negociara la venta directa de su producción y las toneladas de pansa que Comes debía vender en el Reino Unido aumentaron en cada viaje.

Por eso, nuestro protagonista pasaba una parte del año la pasaba en la Ctiy de Londres, observando los precios del mercado y buscando al mejor comprador; y la otra, en Pedreguer, vigilando que la pansa fuera embarcada en las mejores condiciones. Comes fue ganando en fama y acabó comercializando también otros productos  como la almendra. Como exportador, hizo una pequeña fortuna.

A los Estados Unidos

Sin embargo, hablamos ya del primer tercio del siglo XX. El negocio de la pansa decaía y muchos campesinos de la Marina Alta decidieron emigrar a otras tierras. Siempre inquieto, Comes se fijó en quienes lo hacían a Estados Unidos y emprendió un viaje a tierras norteamericanas, donde percibió que los emigrantes de la comarca tenían allí un problema: comenzaban a ganar dinero pero no tenían ningún medio seguro para enviarlo a la familia. Él les ofreció una solución: creó una banca con sede en Pedreguer y nombró representantes a los hombres más honrados de la colonia, quienes recogían las ganancias que los emigrantes quisieran enviar a casa o tener ahorradas para cuando regresaran.

La nueva banca fue creciendo y Comes pudo relanzar incluso la exportación de la pansa en Pedreguer en un momento en que aquel negocio vivía sus últimos momentos de gloria y facilitar créditos a empresas de la comarca dedicadas a las manufacturas o el mimbre. También trabajaron con la Banca Comes importantes industrias jugueteras de Dénia.

Siendo un hombre ya rico, se casó con Clementina Ballester, vecina de Pego e hija del médico Josep Ballester, cuya familia tenía vínculos con Pedreguer. Y de esta forma pudo comprarse la casa que es la otra protagonista de aquella historia y convertirla tanto en la sede de su banco como en vivienda familiar.

Misterio resuelto.

De cómo era la sede de la banca Comes… 

Serra realiza una prolija descripción de cómo era aquella casa de Pedreguer cuando servía como sede de la banca Comes. Disponía de una gran portón de madera y la planta baja contaba con tres despachos: en uno trabajaban siete u ocho empleados que atendían la clientela; en otro el propio Comes recibía a sus clientes y en el tercero se llevaban los libros de cuentas. Una escalera conducía al primer piso, con las habitaciones de la familia, el comedor y la cocina y en la parte superior, bajo el tejado, había una cámara para colgar, como es arraigada costumbre comarcal, butifarras y melones.

El corredor que separaba las dos alas de la casa era muy amplio para que pasaran carruajes y daba a un patio enorme donde a veces jugaba «toda la canalla de Pedreguer». De hecho, ese patio es hoy una plaza pública donada también por la familia Comes en 2000 y llamada Plaza de la Amistad precisamente en homenaje a aquellos tiempos en que los niños del pueblo compartían juegos en la mansión del banquero. Y aún quedaba un enorme corral donde Comes en los años treinta había comenzado a hacer un cine.

… a cómo será ahora

El matrimonio formado por Josep Comes y Clementina Ballester tuvo tres hijos, Pilar, quien murió a los 17 años, Josep Antoni, un sacerdote muy involucrado en la cultura valenciana y director de la revista Sao entre 1976 y 1987, y Clementina. Son estos dos últimos hermanos los que quieren que el inmuble se convierta en un espacio para la gente mayor de la localidad, para lo que se necesita una inversión de más de 446.000 euros de la que la Diputación costeará un 75%, ya que el proyecto ha sido incluido en el Plan de Obras para 2017. El resto del presupuesto  (111.000 euros) será cubierto por el propio consistorio.

Plaza de la Amistad.

La rehabilitación prevé una sala de exposiciones y una cafetería en la planta baja del edificio –allí donde hace siete décadas trajinaban los operarios de la Banca Comes–, una sala multifuncional y un almacén en la primera –donde se encontraba la vivienda familiar– y diversos despachos y otro almacén en la segunda –donde estaba la cámara–. Como ya se ha contado, el inmueble tiene un acceso privilegiado a la plaza de la Amistad, lo que permitirá a los mayores realizar actividades al aire libre.

Un banquero en la Guerra Civil

Historiadores como Teresa Ballester señalan que en la década de los treinta la Banca Comes estaba en pleno rendimiento. Serra agrega que los empleados «agarraban la bicicleta que tenían en el patio un día a la semana y recorrían los pueblos para visitar a la clientela de Beniarbelig, Orba, Xaló, Parcent, Gata, Teulada, Ondara, Dénia o El Verger». Hasta que el Banco de Valencia no abrió un sucursal en Pedreguer no hubo ninguna competencia para la banca Comes.

El turbulento inicio de la Guerra Civil puso en grave peligro todo este entramado de créditos y depósitos ya que los milicianos fueron inmediatamente a visitar a Comes para incautarle fondos dentro del programa de colectivización de la economía. Serra relata que en aquellos días de julio de 1936 se produjeron momentos de tensión ya que Comes mandó cerrar las puertas de la casa a los milicianos hasta que llegara el alcalde. Con la presencia de éste la situación se solucionó.

De hecho, otro historiador, Santacreu Soler, afirma que la banca siguió funcionando durante el conflicto y allí fueron depositados los fondos del Ayuntamiento de Xaló, que requerían papel moneda.

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