LA MARINA PLAZA

Baleària Dénia
Periodismo, pase lo que pase
Publicado: miércoles, 29 marzo, 2017

No entiendo a la gente

  • Autora: Martina Kist Ferrer, alumna de 2º de Bachiller del IES Maria Ibars de Dénia.

IMPORTANTE: Este artículo de opinión se corresponde con una práctica de redacción del alumnado en el marco del programa La Marina Plaza a l’Escola. Su contenido no tiene por qué corresponderse necesariamente con la realidad.

La edad media a la que empiezan a beber los adolescentes ronda los 12 años. Esto no me parece nada correcto porque su córtex prefrontal, al igual que la mayoría de su cuerpo, todavía no está del todo desarrollado (con lo cual, las decisiones que toman no suelen ser las más adecuadas… Por eso empiezan a beber y hacer otras cosas que les están prohibidas). Desde pequeños, los niños aprenden imitando a sus padres, hermanos mayores y demás personas de su entorno. Por eso, es comprensible que quieran parecerse a los mayores y hacer todo lo que ellos hacen. Pero no entiendo a los mayores… ¿Por qué toman bebidas alcohólicas?¿Por qué toman café?¿Por qué fuman?¿Por qué se drogan?

Soy bastante cuadriculada (“por mis genes alemanes”) y, por eso, me gusta hacer una lista mental de pros y contras antes de tomar una decisión importante. No le veo ningún pro a beber alcohol (supongo que se hace por costumbre), es más, veo muchísimos contras. El alcohol tiene unas sustancias que inhiben el paso de los neurotransmisores a través del espacio sináptico, es decir, el alcohol impide que pase la información de una neurona a otra, y si una neurona no se estimula (no le llega información) se muere “de aburrimiento”, y así, poco a poco o más rápidamente (dependiendo de las cantidades y la frecuencia con la que se tome alcohol), van quedando menos neuronas, es decir, menos conexiones o vías que nos permiten enlazar ideas, razonar (que es lo que nos diferencia del resto de animales). La mayoría bebe para olvidar sus penas o para pasar un buen rato pero… Aunque te emborraches, cuando dejes de estar ebrio, el problema seguirá ahí y tendrás tal dolor de cabeza que no te ayudará a pensar en una solución. Y si el problema es económico estarás peor que antes… Los que beben para divertirse suelen ser los jóvenes, que debido a su escasa experiencia por falta de tiempo no suelen tener muy claro cómo funciona su cuerpo, por eso es difícil que pillen “el puntillo” exacto. Si se pasan, vomitarán, entrarán en un coma etílico o, incluso, morirán; y, si no llegan, es tirar el dinero (¡Con lo bueno que está un refresco bien fresquito! También los refrescos  son caros pero ni punto de comparación…). Personalmente, no creo en ese “puntillo”, nunca he bebido, con lo cual no he tenido la posibilidad de comprobar si existe, y tampoco tengo ganas, no por falta de curiosidad sino por querer evitar posibles problema. Creo que es una falsa sensación, como la del “porro colectivo” que comentaba Joan Fuster, donde “lo único que coloca son las babas que se van pasando unos a otros”. Y lo peor es que es adictivo (por eso cuesta tanto de dejar) y tu cuerpo, con tal de no sufrir tales efectos, crea una tolerancia sin que te des cuenta y cada vez ingieres una cantidad superior hasta que tu cuerpo se harta y se revela y acabas con algún problema de riñones, si tienes suerte…

Mi mensaje es: si tan ansiosos estamos por hallar la eterna juventud, hasta que llegue ese momento, convendría cuidarnos en la medida de lo posible haciendo un poco de ejercicio de vez en cuando (no hace falta ir todos los días a hacer “running” o al “gym” para hacer aerobic, cardio, zumba, yoga, spinning y demás pijadas), tomando agua en vez de Coca Cola o Fanta o bebidas que son azúcar con un poco de agua (lo justo para que se disuelva) y algún sabor atractivo para el goloso paladar, y comiendo un poco más sano (una pieza de fruta al día, pizza como mucho una vez por semana, menos comida rápida, menos chuches, chips, doritos, cheetos, gusanitos y cosas que vengan en “cómodas” bolsas de aluminio) pero tampoco digo que haya que hacer dieta de comida sosa porque la vida es para disfrutarla (yo sin hacer dieta perdí más de 10 kilos, eso sí, en 4 años, porque lo que vale la pena cuesta y lleva su tiempo).

En definitiva, la vida es un largo camino lleno de diversas experiencias en el que aprendemos a conocer nuestro cuerpo (y, obviamente, más cosas) para cuidarlo disfrutando de las pequeñas alegrías del día a día y probando nuevas cosas en su justa medida, la cual sabremos cuál es con el paso de los años.

Contenido patrocinado
La Marina Plaza. Noticias. Diario de la Marina Alta.