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Publicado: Miércoles, 15 Marzo, 2017

Intimidaciones periodísticas

Opinión. JULIO MONFORT

En el periodismo, las amenazas y las presiones de quienes ejercen el poder, especialmente quienes lo hacen en su propio beneficio, resultan de lo más cotidiano

Durante los casi veinte años que ejercí el periodismo en la Marina Alta me las vi y me las tragué de muy diversos colores y sabores. Lo consideraba gages del oficio. Más de un alcalde me citó a la orden a su despacho para echarme una bronca foribunda por una poco agradable noticia de portada que, a su juicio y pese a ser cierta de cabo a rabo, perjudicaba la imagen turística del municipio. Hay que comprender que los ediles han de velar por los intereses de su ciudad. Si por ellos fuera todo serían flores y aplausos. Pero se olvidan de que la obligación del periodista es contar lo que pasa y pensar en los intereses de sus lectores, sean de aquí o de allá. El informador que guarda noticias en un cajón incumple esa premisa.

Las amenazas y las presiones de quienes ejercen el poder, especialmente quienes lo hacen en su propio beneficio, resultan de lo más cotidiano. “La próxima vez nos veremos en el juzgado” es una intimidación muy socorrida, aunque el encuentro judicial nunca se producía. Otras veces eran insultos más gruesos, a los que era preferible hacer oidos sordos. No faltó incluso algún que otro juicio sumarial a modo asambleario con decenas de dedos acusadores por explicar lo que otros se callaban. Toda esta bazofia no venía solo de fuera. A veces era el supuesto compañero de enfrente el que disparaba a matar para “defender el pan de sus hijos”. Otras veces eran los de casa quienes te enseñaban la mordaza. Ya se sabe que quien paga manda. Y si no te gusta, a otra cosa. Un medio de comunicación puede y debe ser lo menos dependiente posible, pero la bandera de la independencia absoluta resulta, más que una utopía romántica, una tomadura de pelo. Y eso todo el mundo lo sabe.

Lo de matar al mensajero es más viejo que el propio periodismo, un oficio que por cierto se me antoja en proceso de extinción. Y que me perdonen quienes todavía se dejan la piel a diario por seguir contando lo que pasa, pase lo que pase, con la máxima honestidad posible.

Las intimidaciones a los periodistas son y serán, por muy triste que resulte decirlo, cosustanciales al ejercicio de la profesión y nunca deberían ser noticia. Al fin y al cabo, la Prensa, considerada “el cuarto poder”, tiene gran capacidad de autodefensa. Y también de ataque directo, por lo menos en algunos casos. Claro que ahora, con las redes sociales tan bien engrasadas y orquestadas, lo de “cuarto poder” empieza a estar un poco desenfocado. Y aunque cada vez estoy menos al día, me parece que me quedo con lo de antes,, incluidas las broncas, las amenazas y los juicios sumariales.

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