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Publicado: Viernes, 3 Marzo, 2017

El reto Fontanella: Del siglo XIX al XXI en seis meses

  • Dénia acomete la reurbanización de la calle, donde no hay sistema de evacuación de aguas pluviales, las conducciones del agua potable discurren a la intemperie por encima de la acera y el cableado eléctrico y telefónico recorre las fachadas
  • El ayuntamiento presenta a los vecinos de Baix la Mar el proyecto, que implica peatonalizar la calle y dotarla de los servicios de que carece
  • Las obras podrían comenzar en cuestión de semanas y tienen un plazo de ejecución previsto de medio año

Si hay en Dénia una calle que padezca a la vez todos los males del urbanismo a medio hacer de la ciudad esa es, sin duda, la calle Fontanella. Tanto, que cuesta incluso circunscribir su estado al de una calle propia del siglo pasado. Cierto es que está asfaltada -aunque llena de parches, baches o directamente agujeros- y que tiene servicios de luz y agua -aunque de aquella manera-, pero por lo demás parece más propia del siglo XIX. Sin sistema de evacuación de aguas pluviales, con el cableado eléctrico recorriendo las fachadas y sobrevolando el vial, o donde la canalización de suministro de agua potable a las viviendas es un tubo que discurre a la intemperie, por encima de la acera. Tampoco se pierde demasiado; la acera está tan llena de obstáculos que es directamente intransitable: planchas que sirven para tapar agujeros, hundimientos, la propia tubería del agua, las acometidas a las casas… por no hablar de la falta de iluminación, que es otra de las deficiencias.

El estado actual de la calle Fontanella.

Ahora llega, por fin, el momento de poner remedio a esta situación que nadie duda en tildar de tercermundista en una calle que se encuentra en pleno meollo turístico de Dénia. Se aproxima el proyecto que pidió el ayuntamiento en el año 2014 y concedió la Diputación de Alicante en 2015. Al final lo va a inaugurar otro gobierno local, el actual. Los ciclos políticos son a menudo mucho más breves que los plazos de las obras.

Con motivo de la reunión mensual con los vecinos de Baix la Mar que mantuvo la concejala del barrio, Cristina Morera, el ayuntamiento aprovechó ayer para dar a conocer los detalles de un proyecto que aún no tiene fecha concreta de inicio pero la previsión es que las obras comiencen entre finales de este mes y el de abril, según expuso la concejala Maria Josep Ripoll.

La edila de Territorio y Calidad Urbana fue la encargada, con el apoyo del técnico Daniel Ruiz, de explicar las obras que se aproximan y que tienen un plan de de ejecución estipulado en seis meses. En ese tiempo, explicó, se intentará conciliar los trabajos con la temporada alta turística, de modo que no entorpezcan el tráfico, el descanso de los vecinos o el disfrute de los turistas.

Yendo a los detalles, lo más destacable del proyecto es que no se queda en una mera reurbanización de la calle. Supone también su peatonalización, en plataforma única. Es decir, desaparecen las aceras. El pavimento será de baldosas de diferentes tamaños.

El proyecto no solo abarca la propia calle. También dos traveseras y la plaza Fontanella, que se configura como nuevo espacio urbano y peatonal con ajardinamiento interior con árboles, jardineras, 12 bancos (6 de madera y 6 de piedra), un aparcabicis y contenedores soterrados. Pegado a uno de los flancos de la plaza se mantiene, no obstante, el carril de circulación rodada que da acceso al vial interior de la explanada de Cervantes desde el frente portuario.

Ripoll aludió a la necesidad, nada nueva, de reurbanizar la calle Fontanella dado su “estado pésimo”. Es por ello que supone un “proyecto prioritario” para el equipo de gobierno al objeto de “poner en valor la zona”. Además de la peatonalización (varios bolardos impedirán el acceso de vehículos al inicio y final de la calle, aunque serán retráctiles para permitir el acceso de vehículos de emergencias o de servicios como el butano), se dotará a la calle de los servicios de que carece o que no funcionan adecuadamente. Entre los primeros, tendrá por fin un sistema de evacuación de aguas pluviales para acabar con la constante inundación de la calle cada vez que llueve.

Las canalizaciones de agua potable, actualmente al aire, se soterrarán, al igual que el cableado de suministro eléctrico y telefónico. Y ya se ha contactado con una suministradora de gas natural para que aproveche las obras para la instalación del servicio. En cuanto al alumbrado, se contempla también la renovación de luminarias; no todas, sino sólo las que no funcionan. Asimismo, está prevista la instalación de un hidrante.

Ver una peatonalización e imaginar “un comedor”

Tras la exposición del proyecto, se dio voz a los vecinos para que preguntaran dudas y expresaran inquietudes. Por lo general, quienes intervinieron coincidieron en que un proyecto de reurbanización de la calle es necesario. Sin embargo, donde no hubo unanimidad fue en cuanto a que esa reurbanización tenga que suponer peatonalización. Ahí pesan los precedentes.

Una imagen de la reunión de barrio con los vecinos de Baix la Mar.

En los años del cambio de siglo (esta vez del XX al XXI), Dénia acometió su primera peatonalización: la de la calle Loreto. El proyecto fue controvertido por su acabado, pero lo sería aún más pasado el tiempo, conforme la calle se fue llenando de locales de restauración con sus correspondientes terrazas. Y es indudable que aquella primera experiencia ha hecho cundir la preocupación vecinal, más o menos fundada, cada vez que se plantean nuevas peatonalizaciones.

Pasó recientemente en la presentación del proyecto de la calle Pare Pere y pasó también ayer con el de la calle Fontanella. Fue la queja más repetida por una parte de los vecinos, que aplaudían la reurbanización de la calle pero la prefieren abierta al tráfico. En este sentido, expresaron su temor a que la peatonalización llene la calle de locales de hostelería y terrazas. La convierta “en un comedor”, según la expresión que utilizó una de las vecinas.

Un plano del proyecto.

Maria Josep Ripoll y Cristina Morera se afanaron en explicar que la decisión de peatonalizar no iba encaminada a propiciar negocios de hostelería, mientras otra parte de los vecinos expresaba sus dudas de que la calle, por su estrechez y por ser precisamente la trasera de los restaurantes de la explanada a la que se vierten los aires de los extractores, pueda ser atractiva para montar ese tipo de negocios.

La concejala de Territorio insistió en que lo que se persigue es “ganar espacios para la ciudad”, que Dénia sea “más amable”, transitable a pie y que saque los coches del centro urbano. No que se llene de terrazas. Y Morera puso el acento en que, en todo caso, el ayuntamiento solo podría permitir negocios que cumplan con las normativas, por ejemplo, de ruidos, que es lo que más preocupa a los vecinos.

Pero Ripoll expuso también que lo sucedido en la calle Loreto no es necesariamente la consecuencia de peatonalizar. Hay, de hecho, ejemplos en Dénia. Citó el de la calle Cavallers, apenas a unos metros de la de Loreto.

 

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