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Publicado: Martes, 31 Enero, 2017

Y Raül Oliver consigue el Desafío de los Castillos

  • Fue una nueva prueba de que este atleta de Beniarbeig es inhumano: correr uniendo los castillos de la costa alicantina en un total de 235 km en 42 horas

El atleta de Beniarbeig Raül Oliver ya sorprendió a todos hace unos meses cuando finalizó una de las carreras de obstáculos más duras del mundo y ha vuelto a dejar boquiabierto a todo el mundo tras superar su último reto. Un reto que se había propuesto él mismo y que suponía realizar una carrera ininterrumpida de unos 235 kilómetros. El Desafío de los Castillos, tal y como lo llamó el mismo deportista, pretendía unir Torre de la Horadada, que es la última localidad de la provincia de Alicante por la costa, con Dénia. El objetivo era el de recorrer pueblo a pueblo tomando como referencia los castillos y fortificaciones antiguas. Pues bien, el pasado domingo y tras más de 42 horas de carrera sin parar a dormir más que una hora, Oliver lo logró y ya puede presumir de un reto inhumano más en su palmarés.

A eso de las 00:00 horas del viernes 27 de enero, es decir, justo antes de entrar en el sábado 28, Raül Oliver emprendía la carrera. El ritmo de los primeros kilómetros fue superior al esperado. De hecho, tal y como nos cuenta el mismo atleta, “corrí a 5:30 min/km (cinco minutos y treinta segundos por kilómetro) los primeros 50 kilómetros porque es un ritmo al que estoy más o menos acostumbrado y correr más lento me molestaba en las piernas”, por eso llegó a los 100 kilómtros a las 6:00 horas de la mañana cuando estaba previsto que llegara a las 10:00 horas. Eso ya hacía presagiar que la carrera sería más rápida de lo esperado.

Pero este ritmo trepidante haría que las piernas del de Beniarbeig se resintieran y le obligó a reducirlo para poder acabar. Sobre las 10:00 h. de la mañana del sábado le llegó el primer “bajón”. “Entonces comencé a caminar un poco más lento y usando palos de trecking”, tal y como dice Raül. Eso le sirvió para recuperar las piernas un poco y le vino muy bien. Poco después de esto llegaría a Alicante. Allí pasó por sus dos castillos, y eso le sirvió para recuperarse anímicamente.

Tras esto llegaría otro de los momentos duros. Al llegar a Benidorm, Oliver estaba tan cansado que se vio obligado a hacer una parada que no estaba prevista. Las paradas estaban programadas para los castillos, pero el bajón físico le obligó a detenerse una hora en Benidorm. En ese momento le llegaron las dudas y no sabía si podría conseguir el desafío. Oliver declara que “la segunda noche fue la más jodida, y llegaron las primeras lágrimas. Todos los puntos nerviosos de mis piernas estaban inflamados y ya estaba agotado y por eso decidimos parar. Nos lo tomamos como una prueba, antes de abandonar, descansar un poco y dormir una hora. Me desperté muy fresco y retomé la carrera”.  Esta fue la única hora que Raül durmió en prácticamente dos días.

Tras el casi abandono en Benidorm, el atleta siguió corriendo hasta Calp, donde volvió a parar media hora para después retomar la carrera y ya no parar hasta el Castillo de Dénia. En Calp se unió uno de sus compañeros y, medio corriendo, medio caminando, fueron costeando las localidades de la Marina Alta. Al llegar a Moraira se le comenzaron a unir amigos y familiares que le acompañaron hasta finalizar el reto. “Una de las que quiso venir los últimos kilómetros fue mi madre, y también hubo mucha gente y esto me ayudó en la parte más dura”. Con dolores en las plantas en los pies y en el cuádriceps, que además le tuvieron que vendar, fue recorriendo la distancia hasta llegar a su meta.

Hubo un cambio final y en lugar de pasar por la Torre del Gerro decidieron ir por Jesús Pobre porque era inviable subir más montaña. “No podía subir las piernas más de diez centímetros” asegura Oliver, que dice que las piernas ya no le funcionaban y que los últimos kilómetros los hizo llorando. Pese a ello y pese a que iba caminando, el ritmo seguía siendo bastante rápido y se adelantaron varias horas a lo que habían previsto.

Raül se sintió con ganas en todo momento. “Tenía en mente llegar, llegar y llegar. No se me pasó por la cabeza abandonar porqué se lo debía a mi padre y a Quique, mi compañero de trabajo, que habían estado en el coche los dos días, sacrificándose y sin dormir”. Además, el atleta quiso agradecer el gran apoyo que ha recibido por mucha gente y asegura que no quería fallarles.

La llegada al Castillo de Dénia se produjo a las 18:00 horas de la tarde del domingo 29 de enero. Ese fue el final perfecto para el Desafío de los Castillos de Raül Oliver. “Estoy super contento porque además lo hice en tres horas menos de lo previsto y porque también hice más recorrido del previsto, en total 15 kilómetros más”, concluye el de Beniarbeig. Se trata, sin duda, de un reto que pocos son capaces de conseguir y habrá que estar pendientes de lo que hará en un futuro este atleta inhumano.

Como no puede ser de otra forma, Oliver no podía hacerlo solo, y por eso necesitó a un equipo para ayudarle. El atleta explica que en todo momento estaba conectado vía radio con sus acompañantes que le seguían de cerca en coche. Así, desde el automóvil le iban indicando por donde debía ir para recortar la distancia y para evitar al máximo las carreteras. Se optaba por vías de servicio y secundarias y por eso había momentos en el que el coche debía tomar otras rutas, sin embargo, gracias a la conexión por radio se podían comunicar y encontrarse fácilmente. “Hubo momentos graciosos cuando por ejemplo la policía paró al coche para preguntar que qué estaban haciendo en plena noche, y al explicarlo a los agentes les costaba creérselo” nos afirma él mismo como anécdota graciosa.

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