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Publicado: Viernes, 13 Enero, 2017

Algo se nos escapa en Benissa

EDITORIAL

  • Hace unos años, un alcalde del PP no habría dimitido sin que su partido tuviera cerrada para sí la sucesión de la vara de mando. ¿Qué ha pasado?

Roselló, con la mirada perdida, durante el pleno en el que el PP perdió el poder en Benissa. Fotografía. Sergi García.

Un alcalde del PP, Juan Bautista Roselló, que llevaba en el cargo casi 18 años, presenta su dimisión sin que su partido tuviera garantizado que su relevo sería quien él mismo había nombrado su sucesor, Arturo Poquet, dada su minoría plenaria. No cuadra. Algo se nos escapa.

Roselló no puede argumentar que su cargo de asesor en la Diputación le impedía ejercer como alcalde en una localidad de unos 12.000 habitantes. El de Calp, César Sánchez, ejerce como presidente de la institución provincial y sigue de primer edil. José Chulvi es el portavoz del PSPV y también ejerce en su municipio, Xàbia.

Es cierto que el Ayuntamiento de Benissa y Roselló se han visto salpicados por el caso Taula, pero ni el exalcalde está investigado (imputado) ni parece que pueda suceder. Y los escándalos que cada uno quiera ver en su gestión, sustanciados en una comisión de investigación municipal, tampoco dieron para mucho más que para concluir meras sospechas en la contratación y, eso sí, sobrecostes en la obra pública. Pero eso también ha sido habitual en muchos otros municipios.

De cara al público, Roselló ha dado otro argumento también muy peregrino: que dimitió porque esa era la condición que le había impuesto el concejal de Ciudadanos, Isidor Mollà, para no firmar una moción de censura. Y que cuando en el pleno de investidura Mollà prestó su apoyo al nuevo gobierno de Reinciem, PSPV y Compromís «traicionó al PP». En primer lugar, eso es la palabra de Roselló contra la de Mollà, quien por su parte denunció «intolerables presiones» de los populares para impedirle ejercer con libertad su voto.  Además, ¿por qué no lo había contado Roselló antes, en el momento en que se marchó? De haberlo hecho, hubiera maniatado al regidor de Ciudadanos.

Pero es que además, si eso fuera verdad, Roselló se habría comportado de una forma terriblemente ingenua. Sabía las ganas que le tenía Mollà a su persona y a su partido. Basta con revisar los vídeos de la campaña electoral de Mollà, en que éste exigía a los populares que se marcharan y les acusaba de prácticas urbanísticas casi corruptas. Lo escandaloso si se ven esos documentos audiovisuales es que Mollà no hubiera apoyado ahora al tripartito.

¿Entonces? ¿Qué le ha pasado al PP?

Hace unos años, pocos, tampoco hay que remontarse a la época de Zaplana, un alcalde del PP no habría dimitido sin que el mismo partido tuviera cerrada para sí la sucesión de la vara de mando. ¡Pero si llegaron a firmar una moción de censura con un concejal de Esquerra Republicana del País Valencià para echar al alcalde socialista de la Vall de Laguar!

El PP, por mal que esté, por mucho que no sea el PP que hemos conocido, no se da un tiro en el pie como ha sucedido en Benissa así como así. Pueden pensar que se confiaron, que pensaron que Mollà, no se atrevería a darle la alcaldía a un tripartito formado por una agrupación como Reiniciem, Compromís y el PSPV, lo que vendría a ser el Pacto del Botánico del que abjura C’s, entre otras cosas por catalanista. Pero los cuatro ya estuvieron negociando en junio de 2015 tras las elecciones, así que la dimisión de Roselló indefectiblemente iba a provocar que se retomaran aquellos tratos.

Pueden pensar que los cuatro partidos ya estaban negociando y no nos hemos enterado y que antes de que lo echaran con una moción de censura, Roselló ha provocado la elección de un nuevo alcalde. Pero ese tampoco es el estilo del PP, que habría preferido, seguro, la moción de censura y la tensión mediática que lleva aparejada.

Así que algo ha sucedido en una comarca donde el PP solo gobierna un municipio importante con mayoría absoluta: Teulada-Moraira. Algo que se nos ha escapado a todos. No es posible que al presidente provincial, José Císcar, de Teulada, el pueblo de al lado, se le haya ido de las manos esta alcaldía por un exceso de confianza. Y tampoco a César Sánchez, el aspirante a casi todo en el futuro, a cuyas órdenes tiene a Roselló. Porque de lo contrario, deberíamos concluir que están perdiendo facultades y reflejos. Y que no conocían a Mollà. Y, desde luego, nada de eso está fundado.

En Todos los hombres del presidente, el periodista de Washington Post Bob Woodward, que se veía en un garaje con Garganta Profunda, llegó un momento en que al verse atascado en la investigación del Watergate, le exigió su anónimo interlocutor que le contara todo lo que supiera, en vez de ir dándole datos con cuentagotas. Y Garganta Profunda le responde: “Siga el rastro del dinero”. En ese momento, se oyó un ruido, Woodward miró a un lado y cuando se giró de frente para seguir hablando, su interlocutor se había esfumado.

Así que dado que no hay motivos políticos ni explicaciones razonables sobre la dimisión de Roselló, es probable que no quede más remedio que seguir el rastro del dinero.

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