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Publicado: Jueves, 12 Enero, 2017

Hallan nuevas pruebas de que había canibalismo en la Marina Alta hace 10.000 años

  • Un equipo de la Universitat de Valencia detecta evidencias de antropofagia en les Coves de Santa Maira de Castell de Castells
  • Hace pocos años, también aparecieron los mismos signos en la Cova del Comte de Pedreguer

La cueva de Castells donde se ha producido la investigación. Fotografía: Universitat de València/Cadena Ser

Un equipo de investigadores liderado por arqueólogos de la Universitat de València ha hallado evidencias de prácticas caníbales en un conjunto de 30 restos humanos con marcas de manipulación humana hallados en les Coves de Santa Maira, en Castell de Castells, que datan de entre 10.200 y 9.000 años antes de nuestra era.

En los últimos tiempos, es la segunda vez que se constata la existencia del canibalismo en la Marina Alta. Antes, ya se habían detectado pruebas similares en otra gruta relativamente próxima, la de la Cova del Comte de Pedreguer, cuya primera ocupación humana se produjo hace 25.000 años.

En lo que respecta a Castell de Castells, la citada investigación de la Universitat ha sido publicada en la revista  académica “Journal of Anthropological Archaeology”. Y en ella, los expertos subrayan “evidencias de un comportamiento antropófago, caníbal, entre los grupos de cazadores-recolectores de la cuenca occidental del Mediterráneo durante el Mesolítico”, según un comunicado de la UV difundido por la agencia Efe.

Esta hipótesis es, según los investigadores, la “mejor explicación” de los resultados obtenidos tras el análisis de las piezas del periodo mesolítico encontradas en la Boca Oeste de les Coves de Santa Maira. En concreto, el estudio de restos craneales y poscraneales ha permitido determinar al equipo de arqueólogos la presencia de al menos tres individuos: dos adultos y un niño de unos 2 años.

Los investigadores del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la Universitat de València Juan V. Morales-Pérez, Manuel Pérez Ripoll, Carles Miret i Estruch, C. Carlos Verdasco Cebrián y J. Emili Aura Tortosa han sido los investigadores de la universidad que han llevado a cabo el trabajo de campo, estudio y análisis.

La dificultad que plantea la identificación y atribución de las marcas encontradas, especialmente las dentales por la similitud de las marcas humanas con las de otros carnívoros, ha requerido de estudios comparativos con las identificadas sobre restos de animales hallados en las mismas capas del yacimiento.

“Sabemos que los cazadores-recolectores del Mesolítico (10.500-7.000 años) explotaron de forma combinada diferentes recursos y ecosistemas, desde la costa a la media montaña. Por tanto, eran grupos que conocían y consumían una amplia variedad de recursos, sin que tengamos evidencia de una carencia nutricional que permita contextualizar este comportamiento”, ha añadido uno del os investigadores.

El director del proyecto de excavaciones y catedrático de Prehistoria de la Universitat de València, J. Emili Aura, ha señalado que la posibilidad de que estas prácticas puedan ser puntuales, con una finalidad estrictamente alimentaria, tampoco permite descartar “la hipótesis de prácticas socialmente instauradas, resultado de episodios de violencia individual o grupal o, incluso, de rituales”.

A su juicio, este hallazgo “coincide con un proceso de cambio cultural y demográfico”, ya que, a partir del Mesolítico, las prácticas funerarias se hacen más variadas, e incluyen la generalización de auténticos cementerios.

Para los investigadores, este descubrimiento “abre un buen número de preguntas”, tanto en el campo de la paleontología humana, como en lo referente a las prácticas sociales de los últimos cazadores prehistóricos del sur de Europa: desde la alimentación a las prácticas rituales hasta el uso de la violencia entre grupos.

En Pedreguer, leopardos y mucho frío

En julio de 2015, el arqueólogo Josep Casabó presentó en la Uned de Dénia el trabajo de los resultados realizados en la Cova del Comte de Pedreguer y que permitieron una radiografía exacta de cómo era la Marina Alta hace miles de años: el clima era mucho más frío, se cazaba el lince, había leopardos y se hallaron restos de moluscos para adornos que hoy sólo se localizan en el Atlántico.

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