Periodismo, pase lo que pase
Publicado: Viernes, 6 Enero, 2017

La vieja y la nueva izquierda buscan el apoyo de C’s para desbancar al PP de su alcaldía más longeva en la Marina Alta

ANÁLISIS. Arturo Ruiz

  • Que Abel Cardona, de Reiniciem Benissa, se convierta en alcalde de esta localidad tras haber superado sus diferencias con PSPV y Compromís supone para la comarca un hito similar al de Ada Colau o Carmena, pero para eso necesita el apoyo de… Ciudadanos
  • El portavoz de la formación naranja, el exalcalde Isidor Mollà, está ahora donde siempre quiso estar: bajo la luz de los focos
  • El PP podría haber practicado una extraña forma de suicidio tras la dimisión de Juan Bautista Roselló que deja al borde de la extinción su vara de mando más antigua entre las grandes poblaciones de la comarca: data de 1999

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En Benissa se está fraguando una alianza política para desbancar del poder al PP que por el momento progresa, a pesar de sus enormes complejidades, adecuadamente. Para empezar, el progresismo ortodoxo representado por PSPV y Compromís ha logrado convencer a Reiniciem Benissa, una fuerza política de nuevo cuño surgida al calor de los movimientos del 15-M, de que ha llegado el momento del cambio. Esto, ya de por sí ha costado bastante, porque justo después de las elecciones no fueron capaces de entenderse. Pero este jueves, los tres grupos firmaron un preacuerdo de investidura de cara al pleno de la próxima semana en el que se ha decidir el sucesor del popular Juan Bautista Roselló, que dimitió hace unas semanas.

El cuarto hombre

Ahora bien, ese preacuerdo, ese nacimiento de un nuevo tripartito, por sí sólo no basta. Juntos suman 8 ediles, que son los mismos que el PP. Así que para evitar que el nuevo candidato de los populares, Arturo Poquet, sea el munícipe, hace falta algo todavía más difícil: el apoyo de un cuarto socio, del cuarto grupo de la oposición. Y ese no es otro que Ciudadanos. Nada más y nada menos. Es decir, un grupo que por su postura centralista es antagónico con Compromís, por su ideología conservadora está a años luz de Reiniciem y que tampoco se encuentra demasiado bien avenido con el PSOE.

Y aún así el apoyo de Ciudadanos a la operación de cambio es posible. Complicado pero posible. Porque el único concejal de Cs en Benissa es Isidor Mollà. Y ya comprenderán que sólo por su nombre y por su apellido, tan valencianizados, no se trata de un edil de Cs al uso. Mollà se presentó a las últimas elecciones liderando a Ciudadanos porque era la marca que estaba en ese momento disponible. Lo podría haber hecho con cualquier otra. En el pasado ya utilizó unas cuantas: fue alcalde durante muchos años, entre 1987 y 1999, primero con el CDS y después con un partido independiente, el CIBE, que  llegó a vincularse… al Bloc.

No se sabe si este último detalle lo conocen en el entorno de Albert Rivera. Pero indica que Mollà sabe adaptarse tanto a las circunstancias que podría decir que sí a la oferta del tripartito, con quien mantiene conversaciones. Le tiene ganas al PP. Siempre le ha gustado insistir en las turbulentas historias urbanísticas de Roselló y su relación con el promotor imputado Enrique Ortiz o con la familia Cotino.

Ahora bien, Mollà también está negociando con Poquet. Tampoco le parecería mal convertirse en la pieza clave de un nuevo gobierno de los populares, a quienes ya ha apoyado puntualmente en esta legislatura En realidad, ese viejo zorro de la política está donde le gusta estar: bajo la luz de los focos, con todo el mundo pendiente de cómo deshoja la margarita.

Un movimiento cívico al poder

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Abel Cardona podría convertirse en el nuevo alcalde de Benissa.

Si al final Mollà apoya al tripartito, el portavoz de Reiniciem Benissa, Abel Cardona, se convertirá, como segunda fuerza política detrás del PP, en el próximo alcalde. Y eso marcará un hito en la Marina Alta porque será el primer movimiento de estas características –ya sea con fuerzas vinculadas a Podemos o no, que aquí es que no– que se hace con una vara de mando en la comarca. Hasta ahora, el que más lejos ha llegado es Junts per Gata, que apoya a la alcaldesa de Compromís en el municipio del Gorgos; mientras que en otras poblaciones como Dénia o Calp están en la oposición.

El entendimiento entre Cardona y los portavoces del PSOE, Manolo Juan, y de Compromís, Xavi Tro, no ha sido sencillo. Tras las elecciones, Juan y Tro abogaron ya por un pacto progresista que pusiera fin a tanto años de poder popular, pero Cardona y su gente, reunida siempre en sus famosos foros, no lo vieron claro: identificaban a socialistas y valencianistas con los representantes de la vieja política de siempre, más interesados en llegar al gobierno que en articular propuestas concretas para transformar el pueblo.

Pero ahora todo eso ha cambiado: ésta ha sido una legislatura muy difícil en Benissa, sobre todo después de que el PP local se haya visto salpicado por el escándalo de la operación Taula. PSOE y Compromís han seguido insistiendo en la necesidad de lograr un cambio político y a Reiniciem se le han ido acabando las excusas para no hacerlo. A eso hay que añadir la generosidad de socialistas y valencianistas en cederle a Cardona una alcaldía que especialmente el PSOE, que tiene el mismo número de concejales que Reiniciem, tres, podía haber exigido. Y, finalmente, la dimisión de Roselló ha sido el detonante para intentar lograr el cambio. Mollà mediante, por supuesto.

¿En quién ha pensado Roselló?

Porque hay que recordar que si estamos contando esta historia es porque el propio PP se la ha buscado. O al menos Roselló, con esa dimisión a media legislatura que ha forzado un nuevo pleno de investidura.

Con su decisión de marcharse de Benissa y dedicarse sólo a su otro trabajo, que es el de asesor en la Diputación de Alicante de César Sánchez,  Roselló ha podido pensar en el municipio –que quizás no se mereciera tener un alcalde que se pasaba la mitad de la semana a cien kilómetros de distancia-; o ha podido pensar en sí mismo y en su carrera política, que podrá alcanzar cotas mayores al lado de Sánchez. Pero en quien no parece haber pensado demasiado es en su propio partido, al menos a nivel local y comarcal: en una especie de extraño suicidio, los populares, salvo que sepan algo de Mollà que los demás no saben, están a punto de perder la alcaldía más antigua que conservaban en la Marina Alta, desde el 99. Al menos en lo que respecta a las poblaciones de más de cinco mil habitantes.

En este sentido, es verdad que en Teulada también José Císcar accedió al poder en 1999, pero lo hizo bajo las siglas de Ciudadanos por Moraira y no se pasó al PP hasta 2003; la enseña de la gavitoa también conservaba desde el 98 Ondara, pero la perdió tras las últimas elecciones merced a un pacto de izquierdas; y el resto de poblaciones –Dénia, Xàbia, Calp, Pego, Pedreguer o Gata– han tenido en todo este periodo una vida mucho más ajetreada, con varios alcaldes de distintos signos.

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