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Periodismo, pase lo que pase
Publicado: Martes, 20 Diciembre, 2016

El relativo adiós de Juan Bautista Roselló, la última estrella de la época dorada del PP

ANÁLISIS

  • Único alcalde que quedaba del siglo XX, la presión de la oposición y la Operación Taula han envenenado sus últimos años de mandato en Benissa, donde en realidad hace ya tiempo que manda su sucesor, Arturo Poquet
  • Abandona el consistorio de su pueblo, pero no su carrera política: tiene la oportunidad de prolongarla de la mano de César Sánchez
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Roselló, en el centro, junto a Gerardo Camps y David Serra. Eran otros tiempos.

Con la dimisión de Juan Bautista Roselló se marcha el último de los alcaldes que, entre las poblaciones más habitadas de la Marina Alta, había obtenido la vara de mando en el siglo pasado. En este sentido, Roselló pertenecía a otra era, a la de la hegemonía absoluta del PP, cuando todo el mapa de esta y de otras muchas comarcas estaba teñido de azul.

Alcanzó el poder en 1999, hace más de 17 años, poniendo fin a la etapa de poder de otro símbolo político de la Marina, el centrista Isidor Mollà, quien había gobernado Benissa las tres legislaturas anteriores. Mollà, por cierto, ahora vuelve a ser concejal por Ciudadanos y resulta casi increíble que le haya sobrevivido a Roselló al menos como miembro de la corporación. La política, y la vida, tienen estas paradojas, estos círculos viciosos. Sobre todo, teniendo en cuenta lo mal que siempre se llevaron los dos.

Frente a la excepcionalidad que encarnaba Mollà, un rara avis que gobernó perteneciendo primero al CDS y luego a un grupo independiente, Roselló devolvió Benissa a la normalidad, si por normal se entiende que en este municipio gobernara quien durante la primera década del siglo XXI gobernó en casi todos los sitios: la enseña de la gaviota. Lo consiguió gracias a varias electorales entre 1999 y 2011. Es verdad que sólo logró una mayoría absoluta, pero siempre se mantuvo en el poder a veces pactando con otras formaciones como el PSD.

Con la vara de mando, Roselló vivió una buena época: la de la expansión urbanística, el dinero fácil, los cuantiosos ingresos en la caja municipal y algún proyecto controvertido como el de la Ronda de los Cotino. Eso es lo que pasaba en Benissa y cosas muy parecidas pasaban en la Comunitat, con los años de gloria de Francisco Camps y su gente. Entre esta última estaba un hijo del PP de Benissa, David Serra, quien mucho más tarde acabó siendo incómodo para Roselló.

Este último, hombre fuerte del partido en la Marina Alta, fue ganando influencia orgánica más allá de las fronteras comarcales, hasta el punto de que entre 2007 y 2015 se convirtió en diputado provincial por la Marina Alta. Su estancia en Alicante, donde primero fue diputado de Arquitectura y después obtuvo una cartera siempre amable como Cultura, iba a marcarle para siempre.

Comienzan los problemas… y la generosidad

A nivel genérico, todo empezó a torcerse para el PP en las elecciones de 2015, que marcaron el fin de sus tiempos dorados. Los populares perdieron el Consell y un sinfín de ayuntamientos. Teniendo eso en cuenta, a Roselló en Benissa no le fue tan mal: ganó de nuevo las elecciones y logró retener el cetro municipal pero quedó en aplastante minoría ante una oposición un tanto heterogénea compuesta por Reniciem, Compromís, PSPV y Ciudadanos, que hasta el último momento estuvo negociando un cuatripartito que desbancara al PP del poder.

No lo lograron, pero a lo largo de esta legislatura esas cuatro fuerzas políticas han vuelto a contactar para explorar la posibilidad de una moción de censura. Esta finalmente no ha llegado con Roselló; falta ver si lo hace con el sucesor de este último, el número 2 del PP de Benissa y hasta ahora edil de Urbanismo Arturo Poquet, que está a punto de convertirse en el nuevo alcalde.

Esta complicada situación política le ha envenenado sus últimos años de mandato a Roselló. Sobre todo porque en esta última etapa ha pasado otra cosa: la estrella de David Serra, antes consejero y amigo en Valencia, entró en un abrupto declive debido a los escándalos judiciales en que se ha visto envuelto, los mismos que sacudieron a Camps y su vieja guardia.

Por si eso fuera poco, uno de esos turbios asuntos en los que Serra se ha visto imputado, el de la Operación Taula, ha salpicado a Benissa también de una segunda forma: otro de los detenidos fue un empresario, Vicente Francés, al que el ayuntamiento bajo el mandato de Roselló le adjudicó algunas de sus obras más importantes. De hecho, los cuatro partidos de la oposición esgrimieron su mayoría para abrir una comisión de investigación al respecto cuya reciente conclusión es que se produjeron irregularidades en esas adjudicaciones.

A Roselló, todo eso le ha molestado más por su efecto mediático que por la posibilidad de que tan desagradables sucesos afectaran a su gestión en Benissa. Esta última, en la presente legislatura, ha sido más bien escasa. El hasta ahora alcalde ha ido poco por el consistorio. Quien de hecho gobernaba de verdad -al menos en el día a día- era Poquet.

Nuestro hombre, en cambio, iba más a Alicante, a la Diputación donde en la actualidad es -y parece que lo va a seguir siendo- asesor de un buen amigo, el presidente del organismo provincial y alcalde de Calp César Sánchez. Ahora bien, ¿cómo es posible que Roselló. que antes era diputado, haya acabado de asesor, cargo de menos rango?

En las elecciones de 2015, Roselló quería seguir siendo diputado. Es lógico. A nadie le amarga un dulce. Pero estalló un problema: el PP, que antes tenía dos diputados por la Marina Alta se quedó con uno y esa única plaza debía ser para César Sánchez, el hombre elegido para presidir la Diputación después de que Ciudadanos vetara al candidato natural para ese puesto, el exalcalde de Teulada y exportavoz del Consell José Císcar.

Roselló protagonizó así un profundo ejercicio de generosidad: se hizo a un lado y dejó que el puesto fuera para Sánchez. Claro, que el alcalde calpìno supo agradecérselo: le nombró asesor. Los favores nunca deben olvidarse.

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César Sánchez acompaña a Roselló a los juzgados de Dénia el día en que el segundo le dejó su puesto de diputado provincial al alcalde de Calp.

Y como asesor, Roselló ha tenido en estos últimos meses sombras y luces: entre las primeras, participó en algún polémico viaje a Bruselas o le propinó una desagradable bronca casi revestida de chantaje al diputado de Compromís Gerard Fullana por la crisis hídrica de Xaló; entre las segundas, ha sacado en más de un apuro a Sánchez, especialmente en temas relacionados con la Marina Alta.

Pero lo que está claro es que Roselló podrá haber dejado el sillón noble del Ayuntamiento de Benissa pero no deja la política. Alicante, donde al fin y al cabo sigue en estrecha relación con el poder, es un buen sitio donde estar. Y donde esperar. Porque el PP de Isabel Bonig espera algún día recuperar todos los poderes perdidos desde 2015 y cuando eso suceda habrán muchos cargos para los más fieles del partido. Fieles como Roselló. Y entonces, el favor que le devolvió Sánchez en su día quizás haya sido más importante de lo que parecía.

Una curiosa forma de irse

Roselló ha elegido un curioso momento para marcharse. En primer lugar, anunció su despedida un lunes por la mañana cuando el temporal azotaba su comarca. Y no era un temporal inesperado: llevaba en danza desde el pasado sábado. Pudo haber aplazado unas horas su anuncio hasta que los periodistas dejaran de mirar las crecidas de los ríos, pero no lo hizo, como si hubiera querido ponerle sordina a su despedida.

Y, en segundo lugar, después de que este fin de semana inaugurara por todo lo alto la casa de cultura Bernat Capó y el museo Salvador Soria tras la reforma de las casas de la Puríssima. Él espera que éste haya sido una de los grandes legados de su gestión. Y es posible. Pero también fue una de las obras salpicadas en los enredos de Taula.

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La Marina Plaza. Noticias. Diario de la Marina Alta.