LA MARINA PLAZA

Hidraqua
NO + VIOLENCIA DE GÉNERO
Publicado: jueves, 24 noviembre, 2016

Los constructores de Dénia redoblan su presión sobre el gobierno de Grimalt

EDITORIAL

  • La Asociación de Promotores Turísticos quiere volver a imponer sus criterios sobre el Plan General al actual ejecutivo como ya intentó con los anteriores
  • El sector tiene derecho a expresar sus opiniones y a quejarse de muchas cosas, pero no a monopolizar el debate ni a condenar a esta ciudad a repetir los errores del pasado
vista-denia

Vista general de Dénia desde el Montgó.

Hace ya unos días, la Asociación de Promotores de Dénia (APTD) difundió un comunicado incendiario en el que acusaba al actual gobierno local (PSPV y Compromís) de «matar la gallina de los huevos de oro» y  «provocar la fuga de inversiones» con su política urbanística. Además, le envió al ejecutivo de Vicent Grimalt y Rafa Carrió  un mensaje casi amenazante:«no se atreverán -les dijo- a desclasificar ni un solo metro cuadrado de suelo consolidado» en el futuro Plan General. Así, los constructores ha vuelto a encrespar la batalla por el urbanismo que lleva dirimiéndose en Dénia desde hace veinte años.

El problema es que en estos veinte años Dénia y el mundo han cambiado mucho. Los constructores locales están acostumbrados a vincular su prosperidad con la de la ciudad. Y eso quizás podía ser así durante los años de gloria del urbanismo, cuando la única actividad económica que existía en el municipio era la de edificar casas y chalets. Pero ahora ya no sucede eso: la construcción sigue siendo importante, pero ya no es primordial. No puede serlo porque el negocio ahora no da para tanto. En realidad, la gallina de los huevos de oro no la ha matado ninguno de los múltiples gestores políticos que ha tenido la ciudad, por muchos errores que hayan podido cometer; la mató el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Es más, el hecho de que durante los años anteriores a la crisis, Dénia porfiara todo su futuro (todo) a la construcción es una de las causas de que ahora mismo la ciudad tenga un modelo económico caduco y muy poco diversificado, sin alternativas productivas reales que despejen un futuro aún incierto y alivien las tasas de paro. Y el futuro PGOU debe servir precisamente para buscarlas. Eso lo dicen los expertos en territorio (por ejemplo la UNED) y hasta otros empresarios, de este sector y de otros.

En cambio, da la impresión de que la citada patronal no ha aprendido nada de los errores del pasado y de que quiere condenar a la ciudad a repetirlos de nuevo en el futuro, plasmando en ese planeamiento de nuevo una apuesta por el indiscriminado monocultivo urbanístico.

Sorprende además la falta de autocrítica de algunos de estos constructores: la culpa del caos urbano en el que Dénia lleva sumergida desde hace décadas ha sido culpa, por supuesto, de los diferentes ayuntamientos que planificaron muy mal, pero también de la presión urbanística a la que se vieron sometidos por quienes querían construir. El enjambre de calles amontonadas a los pies del Montgó, el cementerio de hormigón en el que se han convertido algunos tramos de Les Marines o la escasa calidad de la escena urbana de los barrios más nuevos son la consecuencia de ese cóctel explosivo que empezó a fraguarse en los años sesenta, con las primeras normas urbanísticas que dejaban al hormigón campar a sus anchas sin compensarlo con zonas verdes y dotaciones.

Y por eso, con un comunicado tan incendiario como el que hicieron la pasada semana parte de los constructores de Dénia no hace otra cosa que volver a reeditar la misma presión sobre el actual gobierno municipal que históricamente ejercieron sobre los anteriores desde hace décadas y más décadas.

Sin monopolios

Por supuesto que el Plan General del futuro debe permitir que en este municipio se siga construyendo. Pero dentro de un orden, respetando la calidad paisajística de la ciudad, con criterios de sostenibilidad y sin aventuras especulativas. Porque no se puede ir a contracorriente precisamente ahora que todos las ciudades apuestan por promocionar una oferta turística diametralmente opuesta, basada en los parajes idílicos, la calidad de vida y el sosiego. Eso es lo que quería Dénia cuando se convirtió en ciudad gastronómica; no un retorno a los bosques de grúas de antaño.

Y por supuesto que los constructores son una voz importante que tiene mucho que decir en ese futuro planeamiento. Pero no pueden pretender monopolizarlo. Ni siquiera son los únicos empresarios de la ciudad. Ya no. Hay muchísima más gente que también deben intervenir para que ese documento plasme la pluralidad social e ideológica de Dénia y para que además de urbanismo se puedan hacer muchas más cosas.

Los constructores tienen derecho a quejarse. Es inaceptable que la ciudad lleve años y más años para redactar un Plan General que otorgue seguridad jurídica a su actividad. O que el departamento municipal de Urbanismo tarde una eternidad en otorgar licencias ya no para nuevas edificaciones sino incluso para rehabilitar las antiguas. Esto último lleva pasando lustros, es verdad; pero el gobierno de Grimalt y la edil del área, Maria Josep Ripoll, debe ponerle coto: lo prometieron en las elecciones.

Tres falacias en las tres últimas legislaturas

  1. El pasado más lejano. El actual tono incendiario de la APTD recuerda a los tiempos en que los constructores salían a manifestarse a las calles contra el gobierno de Paqui Viciano y Pau Reig por obligarles a contar con alcantarillado antes de edificar. Y sin embargo en aquella época se alzaron tantas viviendas como en cualquier otra anterior a la crisis. El INE así lo demuestra.

  2. El pasado más reciente. Parece que cuando  PSPV y Compromís pactan es para enfrentarse contra los constructores, pero eso no es así. A esta patronal parece no apañarle casi ningún gobierno: también se demostró muy crítica con el anterior (PP y CU); y cuando la exedil de Urbanismo, la centrista Pepa Font, se vio apartada del poder aseguró que eran por presiones… relacionadas con el Plan General.

  3. El presente. Muchos vecinos de Dénia no entienden la actual postura de los promotores cuando ven (como ve cualquiera) que la construcción de chalets en Les Rotes o de apartamentos en Les Marines ha regresado. Y que lo ha hecho a pesar de la suspensión de licencias aprobada ahora como paso previo al PGOU y contra la que los constructores están recogiendo firmas. Quizás porque esa suspensión sólo afecta, según datos de Ripoll, al 3,49% del suelo urbano. Que, la verdad, no parece demasiado.

Etiquetas: , , , , , , , , ,
Contenido patrocinado
La Marina Plaza. Noticias. Diario de la Marina Alta.