LA MARINA PLAZA

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Publicado: Sábado, 10 Septiembre, 2016

Manuel Vicent y Álvaro Luna en el Hort de l’Alé, «el paisaje que no vendió su alma»

  • El escritor y el actor hallan en esta finca del siglo XIX de Pedreguer, que ha recuperado los elementos originales para producir pansa, la identidad de una tierra tantas veces perdida por los «asesinatos« urbanísticos
  • «Es increíble cómo algo tan pequeño como la pansa moduló el carácter de los habitantes de Dénia, acostumbrados a tratar con normalidad a todos los extranjeros y a no molestar ni siquiera a las estrellas de cine con tal de que estas tampoco les molesten», señala el autor de Tranvía a la Malvarrosa

ARTURO RUIZ

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Alvaro Luna y Manuel Vicent durante su visita a l’Hort de l’Alé

«Los paisajes tienen alma. Y cuando masacran una montaña con adosados o en una plazoleta construyen una finca de diez pisos, ese alma se pierde. La pierde no sólo el paisaje, también las personas que lo habían conocido antes intacto, pongamos que cuando eran niños. Cuando se hace eso se asesina el alma». El escritor Manuel Vicent se detiene un momento, como si hiciera un recuento en realidad imposible de todos esos asesinatos, de todos esos parajes que han vendido su alma en tantas latitudes del mundo. Tambien en la Marina Alta y también en Dénia, una ciudad que Vicent ama porque la conoce y que ha sido sometida a una destrucción sistemática, continuada, de su espíritu, de sus paisajes urbanos fagocitados por el hormigón y la desmemoria.

Pero también hay lugares en este planeta y en esta comarca que han preservado esa identidad mística nacida de su propia historia. L’Hort de l’Alé, en la Sella de Pedreguer, finca rústica del siglo XIX, es uno de ellos, «que conserva intacta el alma a través de un viaje legendario de siglos, la misma alma de íberos, fenicios, romanos, árabes y cristianos que vinieron a esta tierra», apostilla Vicent. Como si todas estas civilizaciones permanecieran aquí salvando un vértigo de siglos y de olvidos, y sus espíritus se hubieran vuelto inmortales entre sus campos atávicos, entre sus muros reconstruidos, entre sus elementos restaurados.

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Visita correspondiente al ciclo Temps de Pansa organizado por el Ayuntamiento de Dénia en l’Hort de l’Alé.

«Si olvidas el pasado es imposible entender el futuro, saber adónde vamos», añade en la misma dirección el actor Álvaro Luna, otro tipo que sabe de lo que habla porque, como su amigo Manuel Vicent, también es como si fuera de la comarca.

0-verticalVicent y Luna han visitado l’Hort de l’Alé, uno de esos milagros que hacen que la Marina sea la Marina y no cualquier otro lugar anónimo del mundo. La finca ha abierto sus puertas para que el visitante sea partícipe de cómo fue la producción de la pansa en estos lares a lo largo de buena parte del siglo XIX. Y eso le ha permitido revivir la atmósfera de aquel mundo, reencontrándose con su alma, como decía el escritor. No en balde, la finca cuenta entre sus elementos decimonónicos restaurados con un riu-rau y una de las pocas estufas de pansa de la provincia de Alicante. Por eso, el Ayuntamiento de Dénia ha incluido, dentro de su ciclo Temps de Pansa que coordina el arqueólogo municipal, Josep Antoni Gisbert, itinerarios a este templo que honra la identidad de una tierra.

La última afirmación no es exagerada. «Es increíble –dice Vicent– cómo algo tan pequeño (la pansa, claro) permitió moldear el carácter de Dénia como pueblo, la hizo una ciudad abierta y cosmopolita a través de su puerto, la asomó al horizonte de otras civilizaciones y la acostumbró a convivir a los extranjeros con total normalidad. La pansa está en el ADN de Dénia». Cuenta al respecto el autor de Balada de Caín Son de Mar una anécdota deliciosa. Había una vez en una calle de Dénia una conocida estrella de cine: los turistas extranjeros pasaban a su lado, se volvían, regresaban otra vez, la contemplaban asombrados; los nativos ni siquiera giraban la cara para observar a la celebridad. Sí, ese es el carácter, el famoso mandamiento moral y vital de Dénia, su famosa libertad: haz lo que quieras mientras no me molestes ya seas un viajero anónimo o el artista más rutilante de la galaxia.

Bueno, pues todo ese carácter se gestó en sitios como éste. Aquí empezó todo. Aquí se producía la pansa que después era transportada a puertos como el de Dénia o de Xàbia para su exportación a medio planeta y que permitió que a esos mismos puertos arribaran forasteros de todos los continentes y se hablaran decenas de lenguas.

0-casetaAhora, la buena sintonía entre el padre de la criatura, Pascual Olmos, el presidente de la Fundación Christian-Marc Olmos Vente que gestiona l’Hort de l’Alé, y Gisbert, ha permitido poder visitar este mundo, esta casa, que cuenta con plafones temáticos que narran al visitante cómo se gestaba aquel milagro, agrícola y económico. «Pascual tiene un respeto especial por el mundo del conocimiento», señala por eso Luna, quien añade que la finca es un «reconocimiento al esfuerzo, a la voluntad de vivir». Tampoco eso es exagerado: durante décadas, si la Marina Alta sobrevivió fue gracias a la pansa.

Pero todo esto no es sólo historia. Hoy en día, L’Hort de l’Alé es también un proyecto de futuro. O, como detalla Olmos, un proyecto de sostenibilidad «agrícola, etnológico y también solidario, que busca la integración de personas con discapacidad y acciones sociales que mejoren su calidad de vida» arguye Olmos. Pongamos un ejemplo muy sencillo: la fundación dona cada año a la Cruz Roja toda su cosecha de naranjas y mandarinas. En 2015 fueron 1.300 kilos donados a esta ONG en Xàbia. En total, la finca atesora cuarenta variedades de frutales. La producción agrícola es ecológica.

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O sea, que todas las posibilidades se multiplican. Que esta gente no se ha dedicado sólo a preservar un pasado imprescindible sino a crear nuevas memorias. Y así hace honor a su nombre, a l’alé, el aliento en castellano. «Es un homenaje a la dignidad y a la vida», resume Olmos. Llevan haciendo eso desde 2012, cuando se puso en marcha este proyecto en la Sella que hace ahora justo un año recibió la declaración de interés comunitario.

Otros artículos sobre L’Hort de l’Alé en La Marina Plaza: Un viaje entre Dénia y Pedreguer a los ancestros de la pansa

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Fotografías: TEMPS DE PANSA. 2016. Domingo, 4 de septiembre de 2016. Hort de l’Alé.

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