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Periodismo, pase lo que pase
Publicado: Lunes, 17 Agosto, 2015

Las verdades incómodas que Rafael Chirbes dejó sobre Dénia/Misent

  • El escritor fallecido el sábado describió en «Crematorio» tramas urbanísticas y depredaciones del territorio que sucedían en una ciudad imaginaria llamada Misent pero que son muy fácilmente reconocibles en la Dénia de hace menos de una década
  • Su literatura aún podría provocar encendidas polémicas hoy en día: «En sólo diez años, la propiedad ha dejado de ser de los pequeños campesinos y ha pasado a manos de una mafia compuesta por apenas media docena de constructores corruptos», dejó escrito
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Rafael Chirbes.

En «Crematorio», una de sus obras capitales, Rafael Chirbes describe la radical transformación que Misent, una pequeña ciudad enclavada en la costa mediterránea, sufre durante el boom inmobiliario. Sus personajes, en especial el promotor y arquitecto Rubén Bertomeu, se erigen así en prototipos de aquella época en que el paisaje a orillas del litoral se vio cercado por miles de bungalows y urbanizaciones perdiendo su identidad histórica; una era en la que ganar dinero no siempre limpio era muy fácil mientras se disparaban las tramas de corrupción vinculados al negocio del hormigón.

Chirbes, fallecido el pasado sábado a los 66 años, tenía numerosas ciudades donde inspirarse para recrear Misent. Pero no cabe duda de que Dénia, un lugar que el narrador conocía, amaba y odiaba muy bien –estaba afincado en Beniarbeig–, fue sin duda uno de los espejos seleccionados. Posiblemente el principal: en el libro se describe que el Tenor Cortis era de Misent, se alude a un gran macizo montañoso que abraza la urbe (el Montgó, que él llamala la mole del Montbroch), y se repasan geografías urbanas fácilmente identificables con Dénia. También se nombran lugares muy concretos: un conocido pub del principio de Les Marines muy en boga por los noventa y que era «un local que ni era un prostíbulo ni dejaba de serlo»; o el tanatorio y «sus coloristas vidrieras que representan a una multitud que camina hacia una puesta de sol sobre la fachada». Por fin, se subraya que Misent había sido una floreciente urbe islámica durante el siglo XII. O sea, Daniya. Dénia.

Estas son algunas de las «verdades incómodas» que Chirbes dejó sobre Dénia/Misent. Por fin calla el periodista y habla el escritor (en trama gris, extractos literales de la novela):

Vendiendo las tierras de nuestros antepasados al dictado del hormigón:

«Todo lo que he plantado en estos últimos años no creo que dure mucho tiempo. Mi hijo se deshará de ello al día siguiente de mi entierro, olivos jóvenes que pronto serán chalets, urbanizaciones, campos de golf, escombreras, depósitos de residuos»

«La abuela no quería saber nada (…), guardaba sus huertos agonizantes que apenas si daban para mantenerse a sí mismos sin secarse (…) Ella decía que no quería saber nada del cemento, nada de multiplicar de un solo golpe por mil el valor de aquellos terrenos ruinosos que se han defendido en vano, porque, después de tanto esfuerzo, acabaron convirtiéndose también ellos en solares, en bloques de apartamentos, en bungalows, en chalets».

«Construir es no parar de destruir (…). Hace milenios que se destruye esta tierra. No queda ni un rincón que no haya sido violado. Mira aquí mismo, dentro de Misent. No hay más que leer los periódicos. Durante una obra, destruyen una villa romana, destruyen un hamán almohade, una muralla califal, han destruido media docena de fonduks (al parecer, dicen los periódicos, ésta fue una ciudad comercial en el siglo XII: contactos con Alejandría, con Túnez, con Sicilia). Eso dicen los periódicos que hacemos los constructores. Como si el hamán o la muralla califal no hubieran destruido la muralla o el templo que los precedió. ¿Cuál es el estrato en el que reside la verdad?, ¿en cuál debería la humanidad haberse detenido para ser auténtica?»

Urbanisme les Marines 7
El urbanismo que acabó con todo: la identidad perdida

«El Misent de su infancia, el de las playas casi desiertas en las que el mar dejaba conchas (…) y que olía a hierbas marinas que se pudrían, a algas que se secaban al sol, a pescado en putrefacción (…) ya no existe; lo han sustituido todas estas casas en construcción, las plumas de las grúas cruzando el aire, las calles a medio asfaltar».

«La nostalgia de la tierra natal convertida, con un golpe de boomerang, en nostalgia de la tierra prometida que ya no existe, que ya es nada»

«No me digas que todo esto se parece a lo que yo conocí. Está completamente cambiado. Parece como si hubiera una trituradora colgando sobre nuestras cabezas que estuviera despedazándolo todo alrededor»

Misent al borde del abismo: el territorio devorado

«Una ciudad que crece como una constelación de tumores, metástasis que se multiplican, que engordan hasta juntarse unas con otras y formar ramificaciones que ocupan decenas de kilómetros; mitomas, arborescencias nerviosas, espesándose, compactándose cada vez más. Misent está al borde del abismo»

«Pero ahora ya vemos al anticristo, está entre nosotros: se llama Hormigón, como si fuera el título de una novela soviética. Lo hemos tenido con nosotros durante un siglo, jugueteando como un animal de compañía, y no nos dábamos cuenta de que el animalito padecía hidrofobia, de que estaba rabioso e iba a empezar a morder cuanto se le pusiera a tiro».

La resistencia social: los que se oponían al urbanismo desaforado

«Esta mañana ha vuelto a recordar las palabras que escribió Brouard en el periódico local hace unos meses, un artículo de denuncia de los abusos urbanísticos, que también firmaron (…) algunas personalidades de la ciudad, media docena de médicos, profesores de instituto, algún científico, los cuatro o cinco artistas locales. (…). Aquel texto decía: Vivimos en un lugar que no es nada: derribo de lo que fue y andamio de lo que será.”»

«En toda aquella agitación no faltó Matías, bajo una pancarta, rodeado de grupos ecologistas y de gente de los grupos radicales, clamando contra el urbanismo salvaje, contra el constructor sin escrúpulos; Brouard haciendo declaraciones a la prensa, diciendo que, con el sistema urbanístico de los PAI, se ha cambiado de arriba abajo el sistema de propiedad de la comarca. En sólo diez años, la propiedad ha dejado de ser de los pequeños campesinos y ha pasado a manos de una mafia compuesta por apenas media docena de constructores corruptos».

Los efectos medioambientales: contaminación en la tierra perdida

«Los huertos baldíos, los troncos de los frutales cortados y amontonados para quemas, las acequias secas, en las que en vez de correr el agua corren plásticos y papeles llevados de acá para allá por el viento de poniente, escombreras, sacos de cemento seco, somieres agujereados, colchones sucios, tazas de retrete rotas, lavabos hendidos».Crematorio

Un urbanismo de saldo en zonas inundables: Ni yo viviría allí

«Toda la gran mierda, me decía Silvia, hay que estar loco para comprarse esos bungalows que estás construyendo; pero si, en cuanto caigan cuatro gotas, eso se tiene que inundar; si eso ha sido marjal toda la vida, una charca. Me gustaba burlarme de ella: A mí, desde luego, no se me ocurriría comprarme una casa ahí. Pero es que yo tengo ya la mía. Tengo mi casa. Me la compré en el sitio que me gustaba y la he hecho a mi estilo. No construyo casas para quedármelas».

La verdad más incómoda: la doble moral del crecimiento sostenible y el negocio privado

«Guillén, negocios privadísimos, y activa, frenética vida pública. Uno puede escuchar a Guillén hablando en las emisoras de radio, leer las entrevistas que le hacen en los periódicos locales sermoneando acerca del crecimiento sostenible, de calidad medioambiental, de unir ecología y turismo. Ver su cara cada vez más roja (…) al lado de la alcaldesa, del presidente del club náutico, en las cenas que, para recaudar fondos, montan el equipo de fútbol, la agrupación de fiestas. Si vas a alguna cena de empresarios, allí está él en presidencia; si apareces por alguna fiesta, en algún acto, en alguna manifestación, Guillén en primera fila. Estar aquí y allá y, por la noche, escaparse para encontrarse en alguna apartada urbanización con un abogado de los rusos, con algún agente de los colombianos. Bajo la intensa vida social, usar teléfonos antipinchazos, inhibidores de frecuencia, claves, nombres falsos cuando hablas por teléfono o cuando asistes a ciertas reuniones. La verdad de las cosas. En Misent, uno no sabe por cuánto tiempo, pero la vida es así»

La corrupción: presiones a concejales y jueces

«Guillén negocia con los políticos, que tienen que comportarse como si cayeran de otro planeta y dividieran la tierra con una espada, los ojos vendados como las estatuas que representan la justicia, pero todo el mundo sabe que no es así, que la justicia no lleva ningún pañuelo que le tape los ojos, y, sin embargo, decide: Aquí tanto volumen construible, aquí jardín, aquí equipamientos deportivos, sociales, uso terciario, depende de quién sea el propietario; y cada uno de esos movimientos beneficia a Guillén, a Bolroy».

«Matías y mi viejo amigo Brouard estuvieron volviéndome loco, paralizándome el PAI, un plan de ordenación que ya podía haber concluido y vendido, en cuyas obras de urbanización llevo invertidos un montón de millones y que el juez ha mantenido bloqueado durante meses. (…) Un barrio fantasma por culpa de Brouard, al que los ecologistas veneraron durante unos meses, porque se negaba a venderme, porque se empeñaba en mantener como un triste solar terrenos que ya tenían que haber sido calles rodeadas de edificios, jardines, arboledas, y que acabarán siéndolo, porque está así previsto, porque el PGOU habla claro, y ese terreno es zona edificable, a cargo del agente urbanizador».

La otra cara de la historia: cuando antes del urbanismo en Misent no había nada a parte del exilioLes Marines 1

«Lo que dejaste [en Misent] era, a su manera, bastante más terrible que lo de ahora. ¿O no se marcharon la mitad de los habitantes de aquí a Francia, a América, a Orán? Tú mismo me has contado esas anécdotas, la crueldad con los más pobres, las hambres espantosas, la represión política, la suciedad, la imposibilidad de pensar nada sin sentirte vigilado. (…). Lo de antes aún fue peor».

«Ahora se machaca sobre todo el paisaje, entonces se machacaba la vida humana, los estómagos, las pieles, los cerebros. Entérate de cuántos de aquí tuvieron que marcharse (…). Tú conoces la historia de buena parte de ellos. Los que se fueron a Connecticut, Nueva Jersey, Buenos Aires, París, el Valais suizo, las fábricas de hilaturas, las fábricas de automóviles, la limpieza, los andamios, la lluvia, la nieve, el hielo, los cielos plomizos. Eso les tocó conocer. Cuestión de supervivencia, ni más ni menos. Aquí, simplemente, no se podía vivir».

La ambición: unos pocos nombres

«Claro que en esta comarca nadie puede dar un paso sin pisar un terreno tuyo, sin pisarte a ti (lo piensa así, como si los terrenos me los hubieran regalado, no los hubiera yo comprado en el mercado; piensa: no has dejado un palmo de terreno sin pisotear)».

«Cuando se haya colmatado hasta el último centímetro de suelo, las playas, las llanuras, las montañas, cuando esté todo construido, y no quepa ya ni un alfiler de punta en este culo del mundo que tanto te preocupa, le diré adiós».

El turismo de masas: ¿Qué haría el trabajador europeo sin el Mediterráneo?

«Lo innombrable fue el dios que dijo ábranse, y se separó la tierra en dos, y se abrió el hueco que llenaron las aguas azules de las piscinas, se irguió el abismo de muchos pisos de altura en cuyas paredes empezaron a ronronear los aparatos de aire acondicionado; se encendieron en los alvéolos de todo aquello que se iba levantando los hornos de las cocinas y las placas de vitrocerámica, y aquellas concavidades se llenaron con gritos de niños que bajaban las escaleras de sus casas cargados con aros hinchables y aletas de plástico y gafas submarinas: la felicidad de unas vacaciones junto al mar. Todo el azul del Mediterráneo, toda la calma del Mediterráneo. Dios mío, qué harían los conductores de autobús de las grandes ciudades de Europa si no hubiera Mediterráneo, los oficinistas, las secretarias, los soldadores, los charcuteros, qué haría toda esa pobre gente si en el horizonte de su triste vida laboral no existiera el Mediterráneo. Qué harían los millonarios a los que les gusta navegar sobre una balsa de aceite, nadar y guardar la ropa».

 

 

 

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  1. […] el padrino es un arquitecto de una ciudad inventada de la costa levantina, Misent, (parece que inspirada en Denia), interpretado por un magnífico Pepe Sancho, al que acompañan unos personajes perfectamente […]

  2. Insuperable Chirbes,descanse en paz. En Misent se han hecho muchas barbaridades,y todavía caminan ufanos los Señoritos con sus palmeros, ah! Y dos señoritas al menos. Constructores, políticos y algún técnico municipal de urbanismo y de medio ambiente. Una cosa, el pelele de Crematorio se llamaba Collado.

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